21 OCT 2016 – 3:34 PM

Nicolás Uribe Rueda

Algunos sostienen que los políticos son especialistas en convertir cada solución en un problema. Y ello, esa es la verdad, es lo que parece estar pasando con las negociaciones tendientes a la construcción de un gran acuerdo nacional, que permita negociar con las Farc un nuevo texto que represente a todos los colombianos.

Cualquiera que no esté metido en las barras bravas de los bandos en disputa reconoce que resulta inviable modificar la totalidad del acuerdo con las Farc, como también es apenas natural que no se pueda implementar a la fuerza, tal como quedó escrito o con simples modificaciones cosméticas, un acuerdo que fue rechazado en las urnas, así fuera por exigua mayoría. Cualquiera de esas dos alternativas aún existe, pero ponerlas en marcha nos saca de un problema para meternos en una dificultad política aún mayor.

Los líderes del Sí y el No creo que actúan con lealtad a sus convicciones y de manera auténtica confían en que sus posiciones frente al contenido de lo acordado con las Farc son las correctas. Descalificar a Santos o a Uribe, a los demás promotores del acuerdo o a quienes proponen alternativas, como Marta Lucía Ramírez, planteando que a todos ellos los mueve exclusivamente la vanidad, su ambición personal o sus intereses electorales, me parece una simplificación inaceptable que no conduce sino al bloqueo político al que rápidamente nos aproximamos. Lo que todos deben entender, sin embargo, es que no hay espacio para la satisfacción integral de sus aspiraciones iniciales frente a lo acordado.

Los líderes políticos a veces necesitan un acompañamiento más cercano de la ciudadanía; incluso, en ocasiones excepcionales, requieren también la presión de la sociedad civil para avanzar por el camino más conveniente. Sin desconocer la representatividad de quienes conversan para buscar una alternativa para el problema político en el que nos encontramos, parece que hace falta una participación más efectiva, vocal, organizada y seria de la sociedad civil. Hace falta un Frente Civil, integrado por los gremios de la producción, los medios de comunicación, los jóvenes, las iglesias, las universidades, los demás poderes públicos no políticos y organizaciones de la sociedad civil, que sin vocería de parte en la disputa, y con representación social, puedan exigir con serenidad y contundencia un acuerdo pronto, real y amplio, que es lo que verdaderamente necesita Colombia. Sin el Frente Civil, en el pasado no habría sido posible sacar del poder sin un disparo al dictador Rojas Pinilla, ni se habría podido convocar a una Constituyente que, aunque necesaria, fue una salida metaconstitucional.

Lo retos económicos y políticos que tiene por delante Colombia obligan a que “los civiles” se involucren con mayor determinación en la búsqueda de las soluciones. Deben dejar de ser espectadores de una disputa entre terceros y entender que el tema también es con ellos, y que por tanto deben activamente promover y liderar el proceso de entendimiento entre políticos para poder contar con un pacto de Estado que conduzca a la recuperación de ese bien común de la paz, que ha sido patrimonio esquivo de todos los colombianos. Habrá que ver si quienes lideran estas instituciones de la sociedad civil reconocen aquí un llamado urgente del “país nacional” para salir de este estado de incertidumbre y se aplican en la tarea de impulsarlo.

Nicolás Uribe Rueda

Abogado de la Universidad de los Andes, con estudios en Política Internacional en American University de Washington D.C., y Política Pública de la Escuela de Alto Gobierno de la Universidad de los Andes. Máster en Acción Política y Participación Ciudadana en el Estado de Derecho del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid, la Universidad Rey Juan Carlos y la Universidad Francisco de Vitoria. Consejero Presidencial 2002-2004 y Representante a la Cámara por Bogotá entre los años 2006 y 2010. Consultor en Asuntos Públicos y de Gobierno a través de su firma Valure, fundada en 2011. Panelista de Blu Radio y columnista de El Espectador

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