Etiqueta: reforma política

7 Oct 2017 – 12:00 AM

Caracol Elecciones

Colombia se dirige sin prisa pero sin pausa hacia la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente. No solo porque existe, como lo hemos venido diciendo desde años atrás en esta columna, un bloqueo institucional que impide resolver los problemas estructurales del Estado, sino también porque el desprestigio de las instituciones aumenta a la velocidad de la luz y sólo una refundación de las mismas sirve para enmendar el entuerto en el que nos encontramos. Contribuye a este fenómeno el importante bloque de reformas constitucionales que se impulsó con ocasión del proceso de paz a pesar de que el plebiscito fuera derrotado en las urnas y no fuera posible un acuerdo nacional para implementar el proceso en un marco de unidad y mínimos consensos. Tenemos ahora, ciertamente, no solo un problema de descuadre en el modelo de pesos y contrapesos que impide el equilibrio y los límites del poder, sino también, graves dificultades de legitimidad.

25 Ago 2017 – 9:00 PM

 

Trinos

Es costumbre en nuestro medio atribuir propiedades mágicas a las reformas legales y constitucionales. Ahora, por ejemplo, se jura y perjura que con la nueva reforma política que se debate en el Congreso se logrará mejorar la calidad de la política. Sin embargo, vale la pena de vez en cuando recordar que la mejor reforma a la política poco tiene que ver con modificar la edad de acceso a cargos públicos, cambiar la estructura del Consejo Electoral o incluir la democracia interna en los partidos, entre muchos otros temas. Lo más relevante, lo único eficaz, es simple y llanamente el cumplimiento de la ley y la aplicación de la justicia. Para ello, vale la pena darse una vuelta por el Código Penal y su título XIV, en donde en 16 artículos se consagra aquello que no puede hacerse en contra de los mecanismos de participación ciudadana. Si en Colombia estas conductas no se presentaran, esto, más que cualquier cosa, tendría un efecto cierto, específico y virtuoso en la calidad de la política y en la promoción de los mejores a los cargos públicos.

2 Jun 2017 – 9:00 PM

Programa juan

No en pocas ocasiones hemos abordado en este espacio las necesarias reformas institucionales que requiere la política para dejar de ser el negocio de unos pocos. La ausencia de partidos políticos, el mercenarismo ideológico, el costo de las campañas, la plata sucia que promueve aspiraciones perniciosas, la inconveniencia de la circunscripción nacional y tantas otras cosas son temas de la agenda institucional que Colombia tiene pendiente para hacer que la política vuelva a ser el instrumento que tiene nuestra sociedad para organizar el poder y ponerlo al servicio de las necesidades de la mayoría.

NIcolás Uribe Rueda

2 Jun 2017 – 9:00 PM

Por: Nicolás Uribe Rueda

No en pocas ocasiones hemos abordado en este espacio las necesarias reformas institucionales que requiere la política para dejar de ser el negocio de unos pocos. La ausencia de partidos políticos, el mercenarismo ideológico, el costo de las campañas, la plata sucia que promueve aspiraciones perniciosas, la inconveniencia de la circunscripción nacional y tantas otras cosas son temas de la agenda institucional que Colombia tiene pendiente para hacer que la política vuelva a ser el instrumento que tiene nuestra sociedad para organizar el poder y ponerlo al servicio de las necesidades de la mayoría.

Al mismo tiempo, es claro que el capítulo de participación política dentro del Acuerdo con las Farc es piedra angular de la negociación. Permitir la creación del partido de las Farc, darle participación transitoria y automática en el Congreso, brindar apoyo presupuestal, entre otros, es connatural al Acuerdo y son demandas lógicas para lograr la desmovilización y el desarme. El Gobierno, sin embargo, fue más lejos y accedió también a que los criminales de lesa humanidad no tuvieran restricciones para participar en política y que su habilitación para el ejercicio público pudiera incluso concurrir con el cumplimiento de las condenas que estableciera la Jurisdicción Especial para la Paz. Además se creó un sinnúmero de artilugios para promover la intervención de organizaciones sociales en los territorios, a tal punto que algunas voces ya anticipan que este será el instrumento preferido por los “exfarc” para tomarse el poder local y así hacer nugatorio el papel de Concejos y Alcaldías por la vía de una parainstitucionalidad disfrazada de participación legítima. Nadie podrá, pues, acusar al Estado de no querer permitir la participación política de los desmovilizados.

10 Feb 2017 – 9:00 PM

131

En enero, el presidente Santos instaló la Comisión Electoral Especial, contemplada en los acuerdos, y con sus informes se espera que en breve se presente una nueva reforma a la política, asunto fundamental en el marco de la negociación con las Farc y estructura medular para la buena marcha de nuestra democracia. Esta debe ser una oportunidad para introducir las modificaciones que requiere un sistema político que tiene incentivos perversos para el comportamiento de sus actores. Ojalá que esta comisión no se enrede en los temas orgánicos y no se quede en la presentación de cambios en las estructuras de las entidades que conforman la arquitectura electoral, sino que de fondo se dediquen a estudiar la mentalidad de los operadores políticos y electorales y con base en ello busquen creativas soluciones.

Nicolás Uribe Rueda

Desde el año 91, aquella Constitución que muchos califican como obra maestra de la institucionalidad democrática ha sido reformada 39 veces.

Sumadas todas las reformas, son más de 124 artículos (32% de la Constitución) los que han tenido cambios en apenas 23 años. A la Constitución del 91 sólo le queda el esqueleto y ya no rige como la concibieron sus autores. Fueron los Congresos subsiguientes, motivados principalmente por el Ejecutivo, los que han venido definiendo el marco constitucional que hoy se aplica en Colombia. Y si bien hay que reconocer a la Carta sus aciertos fundamentales, como por ejemplo la acción de tutela, en lo que parece haber consenso en la actualidad es que el modelo institucional diseñado en el 91 está en aprietos.