Etiqueta: política

Vivimos hablando de las TIC, de su necesaria apropiación en la vida cotidiana, de la forma en que podemos ahorrar tiempo y dinero, de la importancia de que el Estado sea ágil en brindar información, en unificar sistemas, y hasta soñamos con la idea de poner a la tecnología como herramienta líder en la lucha contra la corrupción.

Sin embargo, cuando el Estado se decide en serio a usar las TIC para ahorrar plata y hacernos la vida más fácil, salimos a oponernos soterradamente con toda clase de improcedentes argumentos; parecemos tirados como vaca muerta en la autopista de las transformaciones tecnológicas, sin entender que ya no todo se hace con papel y lápiz.

Para darles una idea, ese censo casa a casa, que ahora tantos parecen extrañar y que buscan convertir en patrimonio de seriedad de la información estadística, requiere la contratación de más de 30.000 censistas, la capacitación de 75.000 personas, la impresión de 1’200.000 mapas, la compra de miles de aparatos de captura de datos, la distribución del equipo para los empadronadores y la contratación de una logística desproporcionada que garantice la recolección de la dotación, la transmisión de la información y la verificación de la captura de datos de cerca de 14 millones de hogares que deben visitarse uno a uno. Facilito e infalible, ¿no?

En Colombia el paro y la protesta son el pan de cada día. Con razón o sin ella, protestan los maestros y los estudiantes, los pilotos y los controladores aéreos, los jueces y los reclusos, los campesinos, los indígenas, las negritudes, los transportadores, los cocaleros, los arroceros, los mineros ilegales, los usuarios de sistemas de transporte, los taxistas, los bicitaxistas, los mototaxistas, y los moteros; así como también lo hacen los comerciantes, los recicladores, los de la salud y los del petróleo, los empleados de los bancos, y con el mismo derecho, protestan también las prostitutas.

Con frecuencia, además, las protestas terminan en desmanes, en la avería de monumentos, en el deterioro de paredes, en enfrentamientos con la policía, en la destrucción de vías, en la obstrucción de carreteras y en la quema de camiones. Los abusos pocas veces concluyen en sanciones y las fechorías se absuelven sin reparos. La verdad, es que en Colombia el derecho a protestar, a pesar de estar reglado, se ejerce casi siempre, de manera casi ilimitada.

26 Ene 2018 – 10:00 PM

Por: Nicolás Uribe Rueda

 Foto Guillermo Torres revista Semana

Estamos entrando por fin en el momento de definiciones programáticas de cada uno de los candidatos presidenciales. De aquí en adelante empieza a acabarse el espacio para las ambigüedades, los lugares comunes y el silencio. La hoja de vida será evaluada, se revisará su conocimiento del país y la profundidad de sus declaraciones. Espantando como maleza la suciedad de la campaña que se viene, cada uno buscará conocer a fondo a su candidato y descartar también a los demás al escudriñar su vida y obras. Así, cada uno de nosotros definirá su voto.

Pero ¿quiénes somos nosotros? Muchas de estas respuestas están en la última encuesta de cultura política del DANE, publicada a finales de 2017, en donde más de 25.000 personas fueron preguntadas sobre su manera de entender y evaluar la democracia colombiana.

Por: Nicolás Uribe Rueda

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Con el arranque de la campaña presidencial ya estamos viendo documentos y propuestas concretas en materia de salud, educación, pensiones, infraestructura, seguridad, productividad y tantas cosas más. Para ser francos, los electores vamos a contar con una amplia baraja de candidatos que representan posturas diversas sobre los problemas nacionales; desde aquellos que se inspiran y se nutren del socialismo del siglo XXI, hasta quienes defienden el mercado y las libertades individuales. Lo cierto es que hay candidatos para todos los gustos y de todos los pelambres.

Es poco probable, sin embargo, que la gente decida su voto en razón a alguna propuesta temática específica y, por el contrario, es previsible que la implementación de los acuerdos de La Habana y la lucha contra la corrupción sean no sólo los asuntos más visibles durante la campaña, sino también los factores decisivos en la conformación de la voluntad electoral de los ciudadanos. A ello contribuyen el desafío cínico y sistemático de las Farc a la verdad y a la inteligencia de la gente y la presencia diaria de escándalos de corrupción que afectan a todos los poderes públicos.

Durante el Panel sobre Minería y Post conflicto hablé de la guerra solapada que algunos malquerientes le han declarado a la minería.

Esta intervención está basada en una columna que escribí hace unos meses en El Espectador: Los invito a leerla haciendo click AQUÍ

https://www.elespectador.com/opinion/opinion/guerra-solapada-columna-638424

minas

Medellín, 6 de octubre de 2017

Los días 5 y 6 de octubre en Plaza Mayor (Medellín) tuvo lugar la décimo tercera edición del Congreso Minero, evento académico organizado por la Vicepresidencia de Hidrocarburos, Minería y Energía de la ANDI en el marco de la XIII Feria Minera y Expometálica.

Los invito a ver el Panel PLATAFORMAS DE SERVICIOS OTT RETOS EN MATERIA DE COMPETENCIA. Aquí discutimos algunos puntos sobre la importancia de permitir las nuevas economías y promover las nuevas dimensiones digitales de la vida,  en contravía de quienes pretenden regular, restringir y prohibir servicios para defender los intereses de quienes hoy lideran la economía tradicional.

 

sic

 

Superintendencia de Industria y Comercio, 5to. Congreso Internacional de Libre Competencia Económica. Cartagena, Agosto 31 y septiembre 1 de 2017.

7 Oct 2017 – 12:00 AM

Caracol Elecciones

Colombia se dirige sin prisa pero sin pausa hacia la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente. No solo porque existe, como lo hemos venido diciendo desde años atrás en esta columna, un bloqueo institucional que impide resolver los problemas estructurales del Estado, sino también porque el desprestigio de las instituciones aumenta a la velocidad de la luz y sólo una refundación de las mismas sirve para enmendar el entuerto en el que nos encontramos. Contribuye a este fenómeno el importante bloque de reformas constitucionales que se impulsó con ocasión del proceso de paz a pesar de que el plebiscito fuera derrotado en las urnas y no fuera posible un acuerdo nacional para implementar el proceso en un marco de unidad y mínimos consensos. Tenemos ahora, ciertamente, no solo un problema de descuadre en el modelo de pesos y contrapesos que impide el equilibrio y los límites del poder, sino también, graves dificultades de legitimidad.

14 Jul 2017 – 9:00 PM

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Por: Nicolás Uribe Rueda

Las elecciones del año entrante se realizarán en medio de un debate degradado por cuenta de recriminaciones mutuas, denuncias de corrupción y un ambiente generalizado de polarización. No será fácil encontrar espacio para las ideas y a los ciudadanos nos será difícil saber la verdad sobre los hechos en medio de tantas mentiras, manipulaciones y verdades a medias que ya empiezan a contaminar discursos y redes sociales.

 

16 Jun 2017 – 9:00 PM

Por: Nicolás Uribe Rueda

Caracol Elecciones

@NicolasUribe

Aunque parece una verdad de Perogrullo, hay quienes parecen no comprenderlo todavía: el proceso de paz es irreversible. Sí, señores, no tiene vuelta atrás. Sin embargo, esto es así no por las razones que con frecuencia esgrimen algunos de los arquitectos de una complejísima institucionalidad derivada de los acuerdos con las Farc ni mucho menos por cuenta del blindaje jurídico que se dice tienen las más de 300 farragosas páginas del famoso acuerdo. El proceso es irreversible, simplemente, porque después de cinco años de conversaciones y de algo más de seis meses de libertad sin restricciones en Colombia, los jefes de las Farc, así lo nieguen, e incluso amenacen constantemente con hacer precisamente lo contrario, nunca volverán al monte. Y ciertamente, desde esta perspectiva el proceso es exitoso. Años con sus noches durmiendo en cama con colchón, agua caliente, cámaras y entrevistas, atención médica, repelente para los mosquitos, reuniones con ministros, presidentes, líderes internacionales, vivir sin la sensación de estar huyendo y demás, lograron poner también su granito de arena para persuadir a los mayores criminales de la historia de Colombia de no volver a tomar las armas.

NIcolás Uribe Rueda

2 Jun 2017 – 9:00 PM

Por: Nicolás Uribe Rueda

No en pocas ocasiones hemos abordado en este espacio las necesarias reformas institucionales que requiere la política para dejar de ser el negocio de unos pocos. La ausencia de partidos políticos, el mercenarismo ideológico, el costo de las campañas, la plata sucia que promueve aspiraciones perniciosas, la inconveniencia de la circunscripción nacional y tantas otras cosas son temas de la agenda institucional que Colombia tiene pendiente para hacer que la política vuelva a ser el instrumento que tiene nuestra sociedad para organizar el poder y ponerlo al servicio de las necesidades de la mayoría.

Al mismo tiempo, es claro que el capítulo de participación política dentro del Acuerdo con las Farc es piedra angular de la negociación. Permitir la creación del partido de las Farc, darle participación transitoria y automática en el Congreso, brindar apoyo presupuestal, entre otros, es connatural al Acuerdo y son demandas lógicas para lograr la desmovilización y el desarme. El Gobierno, sin embargo, fue más lejos y accedió también a que los criminales de lesa humanidad no tuvieran restricciones para participar en política y que su habilitación para el ejercicio público pudiera incluso concurrir con el cumplimiento de las condenas que estableciera la Jurisdicción Especial para la Paz. Además se creó un sinnúmero de artilugios para promover la intervención de organizaciones sociales en los territorios, a tal punto que algunas voces ya anticipan que este será el instrumento preferido por los “exfarc” para tomarse el poder local y así hacer nugatorio el papel de Concejos y Alcaldías por la vía de una parainstitucionalidad disfrazada de participación legítima. Nadie podrá, pues, acusar al Estado de no querer permitir la participación política de los desmovilizados.