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Noticiascaracol.com

Varios sectores han insistido en una coalición de ambas candidaturas, lo que representaría una tercería frente a las opciones de Petro y Duque.

Sin embargo, pese a los llamados, Humberto de la Calle, aspirante a la Presidencia por el Partido Liberal, se mantiene firme en su posición de participar en las votaciones de mayo con su fórmula vicepresidencial Clara López.

“Lo que ha aflorado aquí, y se ha reafirmado, es una polarización, caminos hacia los extremos que creo que no son lo que le conviene a Colombia. A Colombia lo que le conviene ahora es, desde nuestra perspectiva, lo que nosotros encarnamos, los principios liberales”, declaró De La Calle el domingo.

Por: Nicolás Uribe Rueda

Programa juan

Mañana, más de 36 millones de personas tienen la oportunidad de salir a votar para elegir a las personas que podrían impulsar las políticas públicas que necesita el país. Lo más probable, sin embargo, es que ni siquiera la mitad de ellos se acerquen a las urnas y por diferentes razones decidan no decidir sobre su propia suerte.

Mañana se empezarán a decantar las incertidumbres de los últimos meses y empezaremos a entender las dimensiones reales de los partidos, conoceremos sus máquinas electorales, así como la posible configuración mayoritaria del poder en el Congreso, y también veremos la capacidad real de persuadir votantes por parte de algunos candidatos.

Yo por mi parte votaré por muchas cosas a la vez encarnadas en mis candidatos al Senado y a la Cámara. En primer lugar, lo haré por gente honesta, que creo comprende a cabalidad que el ejercicio público es un apostolado que no está hecho para quedarse con el honor, sino para asumir con entereza la responsabilidad.

Vivimos hablando de las TIC, de su necesaria apropiación en la vida cotidiana, de la forma en que podemos ahorrar tiempo y dinero, de la importancia de que el Estado sea ágil en brindar información, en unificar sistemas, y hasta soñamos con la idea de poner a la tecnología como herramienta líder en la lucha contra la corrupción.

Sin embargo, cuando el Estado se decide en serio a usar las TIC para ahorrar plata y hacernos la vida más fácil, salimos a oponernos soterradamente con toda clase de improcedentes argumentos; parecemos tirados como vaca muerta en la autopista de las transformaciones tecnológicas, sin entender que ya no todo se hace con papel y lápiz.

Para darles una idea, ese censo casa a casa, que ahora tantos parecen extrañar y que buscan convertir en patrimonio de seriedad de la información estadística, requiere la contratación de más de 30.000 censistas, la capacitación de 75.000 personas, la impresión de 1’200.000 mapas, la compra de miles de aparatos de captura de datos, la distribución del equipo para los empadronadores y la contratación de una logística desproporcionada que garantice la recolección de la dotación, la transmisión de la información y la verificación de la captura de datos de cerca de 14 millones de hogares que deben visitarse uno a uno. Facilito e infalible, ¿no?

En Colombia el paro y la protesta son el pan de cada día. Con razón o sin ella, protestan los maestros y los estudiantes, los pilotos y los controladores aéreos, los jueces y los reclusos, los campesinos, los indígenas, las negritudes, los transportadores, los cocaleros, los arroceros, los mineros ilegales, los usuarios de sistemas de transporte, los taxistas, los bicitaxistas, los mototaxistas, y los moteros; así como también lo hacen los comerciantes, los recicladores, los de la salud y los del petróleo, los empleados de los bancos, y con el mismo derecho, protestan también las prostitutas.

Con frecuencia, además, las protestas terminan en desmanes, en la avería de monumentos, en el deterioro de paredes, en enfrentamientos con la policía, en la destrucción de vías, en la obstrucción de carreteras y en la quema de camiones. Los abusos pocas veces concluyen en sanciones y las fechorías se absuelven sin reparos. La verdad, es que en Colombia el derecho a protestar, a pesar de estar reglado, se ejerce casi siempre, de manera casi ilimitada.

Revista Semana – Enero 24 2018

 

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A cuatro meses de la primera vuelta electoral, todavía no están siquiera definidos los candidatos que llegarán a mayo, y entre el montón de aspiraciones que ya afortunadamente han venido decantándose, por lo menos cinco, de acuerdo con las encuestas, tendrían posibilidades reales de llegar a la Casa de Nariño.


Y si bien hay muchos factores que servirían para analizar el probable comportamiento del electorado respecto de los candidatos, la categoría que se impone en la opinión es la de etiquetar a cada cual en la izquierda o la derecha. Lo anterior, no solo por la costumbre, sino también por la herencia polarizadora del plebiscito y por los propios coqueteos públicos de los candidatos con sus afines ideológicos en el proceso de formación de coaliciones. Debemos reconocer que, aunque a la gente le importa mucho el empleo, la salud y la lucha contra la corrupción, es difícil encontrar algo que entusiasme y apasione más al electorado en las actuales circunstancias que el proceso con las Farc y todas sus derivaciones.


Así las cosas, la derecha llegará a la primera vuelta con Germán Vargas y el candidato que resulte ganador de la coalición de los expresidentes. Las encuestas, más temprano que tarde, definirán la supervivencia de Viviane Morales y de Juan Carlos Pinzón.


Aunque variopintos, son muchos más los candidatos que se disputarán los votos de la izquierda: Petro que obtuvo 1,4 millones en 2010 y luego fue alcalde; Clara López que logró 2 millones en 2014 y De la Calle que ganó la consulta liberal con 365.000 sufragios. También está Fajardo, que puntea en las encuestas, y quien, sin haber hecho gobiernos de izquierda, quedó matriculado irremediablemente en esta línea cuando convirtió a Robledo y a Claudia López en sus principales escuderos.

26 Ene 2018 – 10:00 PM

Por: Nicolás Uribe Rueda

 Foto Guillermo Torres revista Semana

Estamos entrando por fin en el momento de definiciones programáticas de cada uno de los candidatos presidenciales. De aquí en adelante empieza a acabarse el espacio para las ambigüedades, los lugares comunes y el silencio. La hoja de vida será evaluada, se revisará su conocimiento del país y la profundidad de sus declaraciones. Espantando como maleza la suciedad de la campaña que se viene, cada uno buscará conocer a fondo a su candidato y descartar también a los demás al escudriñar su vida y obras. Así, cada uno de nosotros definirá su voto.

Pero ¿quiénes somos nosotros? Muchas de estas respuestas están en la última encuesta de cultura política del DANE, publicada a finales de 2017, en donde más de 25.000 personas fueron preguntadas sobre su manera de entender y evaluar la democracia colombiana.

7 Oct 2017 – 12:00 AM

Caracol Elecciones

Colombia se dirige sin prisa pero sin pausa hacia la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente. No solo porque existe, como lo hemos venido diciendo desde años atrás en esta columna, un bloqueo institucional que impide resolver los problemas estructurales del Estado, sino también porque el desprestigio de las instituciones aumenta a la velocidad de la luz y sólo una refundación de las mismas sirve para enmendar el entuerto en el que nos encontramos. Contribuye a este fenómeno el importante bloque de reformas constitucionales que se impulsó con ocasión del proceso de paz a pesar de que el plebiscito fuera derrotado en las urnas y no fuera posible un acuerdo nacional para implementar el proceso en un marco de unidad y mínimos consensos. Tenemos ahora, ciertamente, no solo un problema de descuadre en el modelo de pesos y contrapesos que impide el equilibrio y los límites del poder, sino también, graves dificultades de legitimidad.

22 Sep 2017 – 9:00 PM

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Esta semana, el presidente Rajoy, de España, refiriéndose al desafío constitucional de Cataluña, decía que “votar sólo es sinónimo de democracia cuando se hace de acuerdo a la ley. Nadie puede pretender situarse por encima de ella”. Opinión pertinente en su contexto, pero también en el nuestro, en donde asistimos al descuadernamiento de la institucionalidad por cuenta del uso y abuso de los mecanismos de participación ciudadana en ausencia de reglas claras y a merced de las agendas políticas de turno.

Para ilustrar sólo es necesario recordar. Este año se cuentan más de 100 revocatorias al mandato, todas sin éxito, impulsadas generalmente por quienes tienen pretensiones electorales. Son más de 50 los municipios que en los últimos años han optado o están en proceso de decidir por la vía de la consulta popular si quieren petróleo y minería en su jurisdicción, desafiando así el ordenamiento territorial, sustituyendo a las autoridades técnicas de licenciamiento, prohibiendo actividades legales, ignorando el papel del Estado en el manejo del subsuelo y expropiándole al Gobierno la conducción de la economía. Ya se anuncian consultas contra granjas avícolas, porque la gallinaza huele feo, y un creativo diputado hace poco propuso también una consulta popular para que se mantenga una carretera, pero se excluya el peaje que la hace viable. ¡Espectacular!

25 Ago 2017 – 9:00 PM

 

Trinos

Es costumbre en nuestro medio atribuir propiedades mágicas a las reformas legales y constitucionales. Ahora, por ejemplo, se jura y perjura que con la nueva reforma política que se debate en el Congreso se logrará mejorar la calidad de la política. Sin embargo, vale la pena de vez en cuando recordar que la mejor reforma a la política poco tiene que ver con modificar la edad de acceso a cargos públicos, cambiar la estructura del Consejo Electoral o incluir la democracia interna en los partidos, entre muchos otros temas. Lo más relevante, lo único eficaz, es simple y llanamente el cumplimiento de la ley y la aplicación de la justicia. Para ello, vale la pena darse una vuelta por el Código Penal y su título XIV, en donde en 16 artículos se consagra aquello que no puede hacerse en contra de los mecanismos de participación ciudadana. Si en Colombia estas conductas no se presentaran, esto, más que cualquier cosa, tendría un efecto cierto, específico y virtuoso en la calidad de la política y en la promoción de los mejores a los cargos públicos.