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Recuperamos sus lectores a Mauricio Rojas, escritor y político chileno, que con alguna frecuencia deleita con sus visitas a quienes participamos de conversatorios sobre la democracia liberal, la economía de mercado y sus virtudes, la amenaza que representa el populismo y demás materias que estudia, domina con habilidad y explica virtuosamente a sus contertulios.

Lo recuperamos para nuestro disfrute intelectual luego de que debiera renunciar al Ministerio de las Culturas y las Artes tan solo 94 horas después de haber llegado al cargo por invitación del presidente Piñera y tras una rápida y feroz embestida orquestada por la izquierda radical chilena que logró caricaturizarlo como un impresentable.

Su pecado fue haberse atrevido a mencionar en años anteriores que el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos de Chile, donde se presentan los abusos y crímenes de la dictadura y se hace un homenaje a sus víctimas, omitía lamentablemente explicar también las razones por las cuales se había llegado al golpe de Estado del 73 que finalmente habría de conducir a tantos abusos, desapariciones, ejecuciones extrajudiciales y demás violaciones inaceptables a los derechos humanos. En su último libro, que apenas ha visto la luz hace unos días, Rojas narra precisamente esos momentos de maltrato insoportable, con el cual buscaron cobrarle no tanto sus palabras, que sabían eran manipuladas abusivamente, sino el haberse deslindado y renunciado abierta, pública y elocuentemente de aquella ideología que en Chile, a través de Allende y empujada por desórdenes, apropiaciones de tierras y amenazas a la propiedad privada, pretendió dar el “salto cualitativo” para convertir a ese país en una segunda Cuba.

Por: Nicolás Uribe Rueda

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En febrero de 2013 Raúl Castro se reeligió para un nuevo mandato de cinco años que anunció sería el último. Dos años después, se refirió al tema y reiteró su decisión afirmando que no llegaría a tatarabuelo desde el poder, que los cubanos podrían cansarse de él y que por tanto el 24 de febrero de 2018 se dedicaría a atender a su familia. El pasado 21 de diciembre, sin embargo, el régimen decidió aplazar por dos meses el retiro del dictador de 86 años y confirmó para el 19 de abril, día en el que se conmemora el fracaso de la invasión de la bahía de Cochinos, la nueva fecha para el retiro del señor Castro. La explicación, poco fiable, como todo lo que a la postre se incluye en las declaraciones oficiales del régimen, estuvo asociada a los destrozos del huracán Irma: “El azote del huracán es un acontecimiento imprevisible, excepcional e imposible de evitar, y estas razones del hecho acontecido devienen en causa sobrevenida que fundamenta la necesidad de extender el término del mandato de la Asamblea Nacional del Poder Popular en su VIII Legislatura”, manifestó el vocero de la Comisión de Asuntos Constitucionales y Jurídicos de la Asamblea cubana.

Lo cierto, sin embargo, es que los candidatos a la Asamblea Nacional, que “eligen” al Consejo de Estado, que a su vez nombra al presidente de la isla, no han solicitado 54 días de licencia para irse de retiro social voluntario con el propósito de contribuir en las labores de reconstrucción de las zonas afectadas por el huracán. La realidad es que el plan de transición de Raúl, estructurado de manera minuciosa durante tantos años, parece no estar funcionando y se enfrenta, de manera irremediable, a una realidad inevitable: no hay forma de garantizar la continuidad de un régimen totalitario de carácter hereditario y personalista cuando desaparece el tirano.

25 MAR 2016 – 3:24 PM

Comercial Blu Radio

Siento un repudio automático frente a los dictadores de todos los pelambres.

Sus actuaciones a mis ojos son inaceptables y los malabares que practican para aparecer como estadistas que operan en beneficio de sus pueblos me parecen repugnantes. Los hermanos Castro, otrora barbudos revolucionarios que encarnaron el derecho a rebelarse frente a un gobierno injusto, no tardaron en convertirse en matones que buscaron desvanecer todo aquello que no comulgaba con su interés por perpetuarse en el poder. La aparente serena ancianidad de los hermanos Castro Ruz, no hay que olvidarlo, viene precedida de más de 50 años de abusos, arbitrariedades, torturas, fusilamientos y persecuciones, incluso de sus propios compañeros.