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Si quieren, podemos seguir haciendo como si no entendemos.

Podemos decir que se trata de nuevas tesis jurídicas, que extienden las garantías constitucionales del debido proceso y que gracias a ellas todos somos un poco más libres. Podemos ignorar que la coca existe y que su poder no se limita a los excesos y aberraciones obsesivas de los traficantes. Podemos ignorar nuestra historia y olvidar las enseñanzas de aquellas épocas en que los narcos pusieron presidente, capturaron la clase política, quemaron el Palacio, asesinaron a los jueces, construyeron legislación a su medida y pusieron a su servicio a no pocas instituciones del Estado. Podemos sostener sin sonrojarnos que los fueros constitucionales instituidos para proteger a los aforados y sus jueces de los abusos de los poderosos pueden extenderse ficticiamente para varias personas de manera simultánea, como lo sostiene ahora la Corte Suprema de Justicia. Podemos, también sin duda, torcerle el pescuezo a la institución legendaria de la fuerza mayor, como acaba de hacerlo el Consejo de Estado, para justificar que una captura con fines de extradición es imprevisible, irresistible y completamente ajena a la propia culpa del capturado, como si ello pudiese ocurrir en cualquier momento a quien trabaja honradamente. Podemos inventar cualquier excusa para justificar o tolerar estoicamente que el narcotráfico impune nuevamente se instale en el Congreso a hacer las leyes.

Podemos creer en la sinceridad del rechazo de quienes protestan por los crímenes de líderes sociales mientras deciden estratégicamente ignorar que el narcotráfico es su principal verdugo.

Podemos seguir obtusamente equiparando la paz a la permisividad con el delincuente y en nombre suyo tolerando toda clase de amenazas y desafíos que en cualquier otra latitud y circunstancia resultarían inaceptables. Podemos seguir cabalgando tontamente en la idea de la infalibilidad de un acuerdo de paz que cada día pone en mayor evidencia sus falencias. Podemos insistir, como hacen algunos, en que cumplir con el propio acuerdo para poner en cintura a quienes lo violan alevosamente va en contra de la paz. Podemos, pues, tragarnos muchos cuentos y hacer como si no pasara nada.

Podemos, ciertamente, encontrar una explicación benevolente para tanto desvarío, podemos ignorar o masajear las consecuencias de lo que sucede para presentarlas como inofensivas. Podemos ignorar los hechos, quedarnos inermes, sin reacción, entretenidos observando las celebraciones de algunas facciones políticas ante pírricas victorias, cuando en realidad son derrotas para todos.

Podemos, en fin, llamar gato al tigre, lo cual no impedirá que nos coma cuando esté a tan solo un brinco de distancia. La verdad es que darles tantas ventajas al delito, a la mentira y al abuso nunca será rentable para las instituciones, los derechos ciudadanos y nuestra democracia, cuya principal amenaza, vale recordar, no es externa, sino que se incuba, desarrolla y crece bajo su tutela. Decía Lenin que “los capitalistas nos venderán la soga con la que los ahorcaremos”. Tomen nota.

@NicolasUribe

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Victor Muñoz, consejero presidencial para la Innovación y la transformación Digital, entregó un balance sobre la visita del presidente Duque a las empresas de tecnología en Silicon Valley.

El funcionario aseguró en Mañanas BLU que algunas empresas tecnológicas están interesadas en el crecimiento digital y económico en Colombia.

“Los gigantes tecnológicos están mirando a Colombia, ven oportunidades acá, lo cual se reflejará en más inversión en el país, generación de nuevos empleos, mucho trabajo alrededor del talento digital”, dijo Muñoz.

Lea también: Gigantes tecnológicos están mirando a Colombia: consejero de Duque en temas digitales
Por su parte, Aurelio Suárez, panelista en Mañanas BLU, manifestó no estar muy de acuerdo con la Economía Naranja, propuesta por el Gobierno Nacional.

“Los desarrollos duros se hacen es en Silicon Valley, que no nos vengan a echar el cuento de que el presidente Iván Duque fue a traerse Silicon Valley a Colombia, que no engañen con eso”, puntualizó Suárez.

Entre tanto, Nicolás Uribe, también panelista, dijo que “hay que entender la dimensión de la reunión del presidente con los gigantes de la industria de la tecnología”.

Por: Nicolás Uribe Rueda

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Una decisión política, presentada y sostenida sobre la aspersión de argumentos parciales, falsos dilemas y sofismas, es la razón por la cual Colombia dejó de combatir el cultivo de coca de manera eficaz. Los resultados están a la vista, y más de 180.000 hectáreas de coca, con una productividad duplicada, hacen de Colombia nuevamente el principal productor de coca en el mundo. Un solo municipio, Tumaco, tiene más cultivos que Bolivia y las consecuencias de semejante incremento sobrepasan los efectos nocivos, indeseables, de cualquier intervención en territorio. Y claro, esto no es solo consecuencia de haber dejado de fumigar, sino también de haber reducido los equipos de erradicadores, incumplido en programas de sustitución, ignorado la necesaria provisión de bienes públicos, promovido programas que incentivaron la siembra y tantos más factores que en diferentes dimensiones contribuyeron a este resultado.

10 Feb 2019 – 12:00 AM
Por: Nicolás Uribe Rueda
La política de seguridad presentada esta semana por el Gobierno Nacional es verdaderamente un documento estratégico. No se trata de un retórico tratado de seguridad, ni de un extenso diagnóstico que busca describir en detalle una vez más una realidad que se pretende intervenir. No es un documento que se entretiene en digresiones académicas y teóricas sobre las causas de la violencia, ni una puesta en escena de debates de naturaleza política que ponen a pelear a tirios y troyanos. Es un documento breve, que va al grano del problema, que identifica con la complejidad de lo simple una serie de amenazas y propone acciones concretas para revertir y prevenir realidades que se deben enfrentar.


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Nada más sobre diagnosticado en Colombia que la inequidad e inconveniencia de nuestro sistema tributario. Todo el mundo está de acuerdo en que lo que existe no sirve, y que lo adecuado sería pues una reforma tributaria estructural que convirtiera en progresivo, equitativo y transparente un marco normativo farragoso, disperso y lleno de injusticias y posibilidades de evasión. Como lo demuestran vergonzosamente las cifras, la inequidad en Colombia crece luego del pago de impuestos, indicador inaceptable para un sistema cuya naturaleza es la de redistribuir la riqueza en favor de los más pobres.

 

La carga fiscal está sobrecargada en el impuesto corporativo, haciendo de nuestro país un destino poco competitivo. Algo más de 3 mil quinientas empresas (el 0,35) pagan el 70% del total de los tributos, mientras que las personas naturales aportan el 6% de los ingresos fiscales nacionales, muy por debajo del promedio de América Latina y por supuesto, muy lejos de la OCDE que se acerca al 25% del total. Además, nuestro sistema tributario produce bajísimo recaudo respecto del PIB (menos del 20%) comparado con la OCDE (cerca al 35%) y el promedio latinoamericano (poco menos del 25%), donde sólo México y Perú nos superan por lo bajo.

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28 Jul 2018 – 2:15 AM

Por: Nicolás Uribe Rueda

 

No son ni pocos ni flojos los que tienen fincadas sus expectativas políticas y potencial éxito electoral en la mala hora de Colombia y el correlativo fracaso del gobierno de Iván Duque. Por ello están empeñados, graciosamente, en atribuirle al presidente electo la responsabilidad sobre los fracasos del gobierno que aún no termina y anticipadamente andan culpándolo de lo divino y de lo humano, sin que él todavía haya podido siquiera terminar de armar su equipo de gobierno.

 

De alguna manera, hay que decirlo, la oposición sabe y aprovecha lo que es lamentablemente cierto. El país está en problemas y tiene retos enormes que no serán fáciles de resolver. La economía está maltrecha y los actores económicos no tienen entusiasmo, el proceso de implementación con las Farc es caso vergonzoso de gerencia pública, se han incubado nuevas y tenebrosas violencias aupadas por la coca, el Estado ha dejado territorios enteros nuevamente a manos del crimen, hay paros en suspenso esperando medir el grado de subordinación del nuevo gobierno so pena de un levantamiento popular, ha regresado la amenaza sistemática a los periodistas de todas las tendencias ideológicas y la racha de crímenes contra líderes sociales ya supera los 330, como bien lo registra la Defensoría del Pueblo.

7 Abr 2018 – 4:15 AM

Por: Nicolás Uribe Rueda

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Puede que esté actuando en contra del viejo adagio popular según el cual por más que uno madrugue no amanece más temprano. Pero es que, en medio de tantas necesidades, es imposible a veces no pensar con el deseo y pretender que esta campaña sirva para que Colombia elija al mejor presidente, aquel que no sólo recupere la credibilidad en las instituciones, sino que sea capaz también de superar las dificultades que suponen un período largo de tiempo en el cual no hubo diálogo político.

 

Como es natural, es difícil imaginar a estas alturas el desenlace de la elección presidencial, pero resulta fácil, eso sí, entusiasmarse con la idea de que el próximo jefe de Estado tenga la capacidad de concertar con las diferentes fuerzas políticas y pueda sacar así adelante las reformas que necesita Colombia. Y es que no la tendrá fácil, porque con el perfil del Congreso elegido en marzo, que a mi manera de ver tiene una ligera inclinación hacia la centroderecha, pero al mismo tiempo cuenta con la representación más numerosa de la izquierda en muchos años, es claro que no habrá pupitrazos ni mayorías abrumadoras para aprobar reformas tributarias y/o constitucionales.

23 Mar 2018 – 3:15 PM

Nicolas Uribe Rueda Bogota enero 20 2018 foto Guillermo Torres revista Semana

 

Por: Nicolás Uribe Rueda

El comportamiento de los electores en las urnas no deja de sorprender, y por ello cada vez resulta más complejo predecir algún tipo de desenlace en materia electoral. Ganó el brexit en el Reino Unido y Trump se impuso holgadamente. Aquí, el No sorprendió en las urnas, pese a que todas las encuestas anticipaban una paliza, y hace 15 días dos candidatos en las consultas interpartidistas obtuvieron tan altas votaciones que, en las encuestas subsiguientes, aparentemente descremaron la contienda electoral que hasta hace pocos meses tenía más de 30 candidatos.

 

Esta campaña tiene elementos inéditos y comportamientos sorpresivos. Para empezar, vale la pena señalar que el tema de la paz ha pasado a segundo plano y, por cuenta de la pobreza en la implementación en los acuerdos y la irremediable impertinencia de las Farc, ya son pocos los que se atreven a sostener que a lo negociado no hay que hacerle cambios sustanciales. Las Fuerzas Militares reconocen la dimensión de las disidencias, la coca crece sin control, los niños no fueron devueltos, asesinan a líderes sociales y la mayoría de los desmovilizados ni se sabe dónde están.

 

El factor venezolano, encarnado en la contienda por Gustavo Petro, hizo que la gente empezara a anticipar su decisión y renunciara probablemente al candidato de su primera preferencia para sumarse a quien no le disgusta del todo, pero parece más fuerte, para derrotar la amenaza populista y totalitaria del chavismo. Y, así las cosas, a pesar de que la desigualdad y la indignación en nuestro país es grande, el malestar de la gente con la política es creciente y el desprestigio institucional está en sus peores niveles, el millón de migrantes venezolanos y las imágenes sistemáticas de la tragedia creada por el Socialismo del Siglo XXI parecen estar vacunándonos, al menos por ahora, de apelar a una salida semejante a la que se aplica en Venezuela.