Etiqueta: acuerdo de paz

7 Abr 2018 – 4:15 AM

Por: Nicolás Uribe Rueda

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Puede que esté actuando en contra del viejo adagio popular según el cual por más que uno madrugue no amanece más temprano. Pero es que, en medio de tantas necesidades, es imposible a veces no pensar con el deseo y pretender que esta campaña sirva para que Colombia elija al mejor presidente, aquel que no sólo recupere la credibilidad en las instituciones, sino que sea capaz también de superar las dificultades que suponen un período largo de tiempo en el cual no hubo diálogo político.

 

Como es natural, es difícil imaginar a estas alturas el desenlace de la elección presidencial, pero resulta fácil, eso sí, entusiasmarse con la idea de que el próximo jefe de Estado tenga la capacidad de concertar con las diferentes fuerzas políticas y pueda sacar así adelante las reformas que necesita Colombia. Y es que no la tendrá fácil, porque con el perfil del Congreso elegido en marzo, que a mi manera de ver tiene una ligera inclinación hacia la centroderecha, pero al mismo tiempo cuenta con la representación más numerosa de la izquierda en muchos años, es claro que no habrá pupitrazos ni mayorías abrumadoras para aprobar reformas tributarias y/o constitucionales.

NIcolás Uribe Rueda

2 Jun 2017 – 9:00 PM

Por: Nicolás Uribe Rueda

No en pocas ocasiones hemos abordado en este espacio las necesarias reformas institucionales que requiere la política para dejar de ser el negocio de unos pocos. La ausencia de partidos políticos, el mercenarismo ideológico, el costo de las campañas, la plata sucia que promueve aspiraciones perniciosas, la inconveniencia de la circunscripción nacional y tantas otras cosas son temas de la agenda institucional que Colombia tiene pendiente para hacer que la política vuelva a ser el instrumento que tiene nuestra sociedad para organizar el poder y ponerlo al servicio de las necesidades de la mayoría.

Al mismo tiempo, es claro que el capítulo de participación política dentro del Acuerdo con las Farc es piedra angular de la negociación. Permitir la creación del partido de las Farc, darle participación transitoria y automática en el Congreso, brindar apoyo presupuestal, entre otros, es connatural al Acuerdo y son demandas lógicas para lograr la desmovilización y el desarme. El Gobierno, sin embargo, fue más lejos y accedió también a que los criminales de lesa humanidad no tuvieran restricciones para participar en política y que su habilitación para el ejercicio público pudiera incluso concurrir con el cumplimiento de las condenas que estableciera la Jurisdicción Especial para la Paz. Además se creó un sinnúmero de artilugios para promover la intervención de organizaciones sociales en los territorios, a tal punto que algunas voces ya anticipan que este será el instrumento preferido por los “exfarc” para tomarse el poder local y así hacer nugatorio el papel de Concejos y Alcaldías por la vía de una parainstitucionalidad disfrazada de participación legítima. Nadie podrá, pues, acusar al Estado de no querer permitir la participación política de los desmovilizados.

NIcolás Uribe Rueda

Colombia parece estar finalmente entrando en el debate específico de la forma en que se debe implementar aquello que se firme en La Habana. El presidente propuso un Congresito para la paz, como instrumento para desarrollar los acuerdos ágilmente, y en sus propias palabras sostuvo que ello “serviría para legalizar lo acordado en las mesas de negociación”.

La tesis del Gobierno, según parece, es que se requiere la creación de un mecanismo expedito, vía reforma constitucional, para que no se agote la paciencia de la gente ni se echen a perder los acuerdos por falta de impulso reglamentario.

El modelo propuesto lo conoce bien Humberto de la Calle, quien casi 30 años atrás, participó del gobierno que con los partidos mayoritarios y los copresidentes de la Asamblea Nacional Constituyente, acordó primero la revocatoria del Congreso recién elegido, y luego, la creación de una comisión especial de 36 miembros (artículos transitorios 6 y 7), que la opinión pública prontamente bautizó como el Congresito. En aquel entonces, se trataba de que la Comisión aprobara o improbara, mientras se elegía el nuevo Congreso, aquellos textos propuestos por el Gobierno en desarrollo de las facultades extraordinarias que se le otorgaron al ejecutivo también en artículos transitorios de la nueva Constitución.