Nicolás Uribe Rueda

Y arrancó la dinámica del gobierno.

Por: Nicolás Uribe Rueda
Luego de casi ocho meses de controversia política electoral, de parálisis en la administración pública por cuenta de la ley de garantías y de la interinidad en los principales tomadores de decisiones, el Gobierno finalmente se pone en marcha. Y como no son pocas las necesidades y las urgencias con las que arranca este período, el presidente tendrá que definir con claridad sus prioridades y asumir con determinación, así no sea públicamente, la agenda que quiere sacar adelante para los próximos cuatro años.

La paz, que sin duda es el tema más importante para el Gobierno y el eje sobre el cual girarán muchas de las decisiones, no es ni el único ni el más urgente asunto que se debe atender. Con proceso o sin proceso el país tiene una agenda compleja, en la que es necesario despejar ambigüedades. La crisis de credibilidad de la justicia, el rezago inhabilitante en materia de infraestructura, las dificultades de la industria, la falta de coordinación institucional y la ausencia de criterios claros para poner en marcha grandes proyectos mineros y de infraestructura son una realidad. Este gobierno deberá también resolver los conflictos que persisten con el sector agropecuario, analizar con juicio las peligrosas predicciones que algunos hacen sobre la situación de las reservas petroleras y evaluar con perspectiva si conviene hacer una tímida reforma tributaria en 2014 para en un par de años hacer otra que se meta con el IVA o con otra fuente importante de ingresos para la Nación.

Abordar la crisis ambiental que al iniciar el pasado gobierno fue invernal y ahora se presenta por sequía, pasa necesariamente por reconfigurar política y técnicamente el sector, metiéndoles mano dura al sistema nacional ambiental y a sus actores principales. Con las dificultades de la industria, el contrabando escala posiciones en la agenda de prioridades públicas, y más que anuncios de capturas y tímidos proyectos de ley para que todo siga igual, el Gobierno debe decidir si le pone dientes a una política seria de aduanas en donde se empiece a desmontar esa zona especial aduanera en La Guajira y finalmente se contraten e implementen sistemas eficaces para tener trazabilidad e información sobre los productos importados con alto impacto tributario.

En materia legislativa la gobernabilidad no pinta fácil y por ello las ambiciosas ideas del Gobierno deben concretarse. Es poco probable que exista tiempo y capital político para debatir una reforma general de equilibrio a los poderes del Estado al mismo tiempo que se busca una reforma a la política, otra a la justicia, una electoral y una contrarreforma al régimen general de regalías. Esto sin contar que el proceso de La Habana salga bien, y que entonces la agenda se concentre casi que exclusivamente en la aprobación de una ley que convoque a un referendo. No hay que olvidar también que la educación y la salud tienen reforma y reglamentación respectivamente en el tintero y el Plan de Desarrollo debe construirse para los próximos cuatro años.

Santos II tiene retos enormes. Y si la paz finalmente no se puede concretar, su legado dependerá del éxito o fracaso con el cual enfrente algunos o varios de los temas anteriormente mencionados.

http://www.elespectador.com/opinion/santos-ii-columna-510928

Nicolás Uribe Rueda

Abogado de la Universidad de los Andes, con estudios en Política Internacional en American University de Washington D.C., y Política Pública de la Escuela de Alto Gobierno de la Universidad de los Andes. Máster en Acción Política y Participación Ciudadana en el Estado de Derecho del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid, la Universidad Rey Juan Carlos y la Universidad Francisco de Vitoria. Consejero Presidencial 2002-2004 y Representante a la Cámara por Bogotá entre los años 2006 y 2010. Consultor en Asuntos Públicos y de Gobierno a través de su firma Valure, fundada en 2011. Panelista de Blu Radio y columnista de El Espectador

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