NIcolás Uribe Rueda

Pasó el incendio y para algunos ello significa que se esfumó el problema.

Se quemaron quién sabe cuántas de las 600.000 llantas apiladas en Fontibón y mientras tanto, en Colombia, se siguen vendiendo 6,5 millones de llantas anualmente. La gran mayoría de ellas, a los 18 o 24 meses, terminarán en botaderos, ríos, esquinas o en las bodegas que, como la incendiada, se quedan cortas en la disposición final de este residuo que la normatividad califica de especial.

Las llantas en desuso, según dice la teoría y corrobora la práctica en algunas latitudes, sirven para hacer autopistas silenciosas, calentar hornos cementeros, hacer canchas sintéticas, hacer nylon para confección, producir impermeabilizantes y hacer fibras para recubrimiento de pisos, entre otras muchas cosas. Por aquí de aquello nada o más bien poco. Sin embargo, mientras entramos en esta onda verde del reciclaje de neumáticos para todos estos usos, sería bueno al menos empezar a pensar en el reencauche como mecanismo eficaz para reducir el ingreso de nuevas llantas a Colombia.

Una llanta reencauchada en condiciones técnicas tiene la misma vida útil que una nueva y retrasa en tres o cuatro años el momento de su disposición final. Los productores afirman que las llantas están confeccionadas para ser reencauchables y que botarlas después del primer uso es un absurdo. En Estados Unidos, la ley establece que las agencias federales deben implementar programas de gestión de llantas y que todos los vehículos oficiales están obligados a usar llantas reencauchadas. Expertos en la materia sostienen que resulta tan seguro el reencauche que el 80% de los aviones comerciales y militares usan llantas reutilizadas. Aunque nos parezca novedoso, en países como Brasil y Estados Unidos, el índice de reencauchabilidad es de 100/130 o 100/100 respectivamente, lo que significa que por cada llanta nueva, una o 1,3 llantas son reutilizadas. También Ecuador tiene un programa exitoso en materia de reencauche llamado “Reúsa tu llanta”, en virtud del cual se promueve la reutilización de los neumáticos, se establecen restricciones a la importación de llantas no reutilizables y se obliga a los importadores a demostrar el reencauche de un porcentaje de llantas como prerrequisito para traer unas nuevas al país. Para el caso de las llantas de vehículos de transporte de carga y pasajeros, por ejemplo, se estipula que para 2018 los importadores tendrán un 80% de reencauche obligatorio.

Aquí por lo pronto seguimos buscando al dueño de la bodega y nos declaramos satisfechos al saber que CTI y Fiscalía ya investigan las causas del siniestro. Por cuenta del desconocimiento de las bondades del reencauche, y principalmente con ocasión de la importación masiva de llanta nueva, generalmente no reencacuchable, a precio bajo, en Colombia el reencauche apenas llega al 23%.

Acciones coordinadas del Gobierno deberían meter mano al problema de las llantas y no sería mal camino empezar por reencauchar una parte deese millón y medio de llantas nuevas de camiones, buses y busetas que anualmente ingresan al mercado colombiano. Ya veremos qué viene primero: el próximo incendio o un programa de reutilización de neumáticos.

 

Nicolás Uribe Rueda

Abogado de la Universidad de los Andes, con estudios en Política Internacional en American University de Washington D.C., y Política Pública de la Escuela de Alto Gobierno de la Universidad de los Andes. Máster en Acción Política y Participación Ciudadana en el Estado de Derecho del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid, la Universidad Rey Juan Carlos y la Universidad Francisco de Vitoria. Consejero Presidencial 2002-2004 y Representante a la Cámara por Bogotá entre los años 2006 y 2010. Consultor en Asuntos Públicos y de Gobierno a través de su firma Valure, fundada en 2011. Panelista de Blu Radio y columnista de El Espectador

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