Programa juan

Desde que tengo memoria cívica he proclamado a diestra y siniestra el valor de la política como vocación y su relevancia como instrumento para resolver los problemas de la sociedad. Durante casi una década, mi actividad principal fue la política y mientras ejercí busqué motivar, principalmente, a los jóvenes a que se vincularan a la deliberación pública y privadamente analizaran las consecuencias de no tener sensibilidad por la política y sus consecuencias. Y lo que para muchos es una actividad inservible, absolutamente prescindible y sobre todo despreciable, para mí encarna las posibilidades reales de nuestra sociedad para salir adelante. Ahora retirado, sigo creyendo en el poder transformador del voto y anhelo la llegada al poder de líderes inspiradores que puedan impulsar la acción del Estado hacia la superación de nuestras dificultades.

Tengo ahora la feliz ocupación de hablar de política todas las mañanas en Blu Radio y gracias a los debates matutinos, en donde se analizan las noticias diarias, sigo activo en la batalla de las ideas, que es una de tantas expresiones de la vocación por la política. Y también, mi actividad profesional tiene relación directa con tomadores de decisión, y desde el sector privado ahora busco impulsar políticas públicas que, alineadas con el interés general, respeten la seguridad jurídica y promuevan el respeto a la iniciativa privada y la libertad de empresa. Me gustan las marchas, los debates, los foros de opinión, la vida partidista, las campañas políticas y el ejercicio público. Llevo, pues, más de la mitad de mi vida dedicada a trabajar, estudiar y comentar sobre políticas públicas y veo por ello con entusiasmo el crecimiento de la apropiación de la política por parte de los ciudadanos que ahora opinan y participan más que de costumbre.

Sin embargo, encuentro cada día la utilización de la política con fines reprochables y dañinos. Una cosa es ser activo en asuntos políticos y otra muy distinta es aproximarse exclusivamente desde lo político a todo aquel fenómeno que sucede en sociedad para acomodarlo, pervertirlo y exprimirlo hasta sacarle réditos políticos. La manipulación de la información con intencionalidad política es inaceptable, como también lo es el aprovechamiento de las tragedias naturales. No puede seguir siendo costumbre aspirar a una magistratura en la justicia para impulsar una agenda partidista, ni utilizar los fallos judiciales para causar perjuicio reputacional irremediable a los contradictores. Es increíble, pero estamos haciendo política en contra de nuestros propios intereses cuando se decide apalancar una campaña bloqueando sistemas de transporte público o promoviendo la salida de inversiones de determinados territorios. Todos, sin importar quién nos gobierne, compartimos un pasado común y aspiramos a disfrutar un futuro mejor a pesar de nuestras diferencias ideológicas.

Sería bueno, pues, que dejásemos la política para lo que es y se empezaran al menos a respetar algunas de sus reglas consuetudinarias: no hay gobierno perfecto; hay que construir sobre lo construido; las instituciones se respetan y se fortalecen; las acciones tienen consecuencias públicas, y la suerte de los políticos la determina la dimensión de sus realizaciones.

@NicolasUribe

 

Nicolás Uribe Rueda

Abogado de la Universidad de los Andes, con estudios en Política Internacional en American University de Washington D.C., y Política Pública de la Escuela de Alto Gobierno de la Universidad de los Andes. Máster en Acción Política y Participación Ciudadana en el Estado de Derecho del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid, la Universidad Rey Juan Carlos y la Universidad Francisco de Vitoria. Consejero Presidencial 2002-2004 y Representante a la Cámara por Bogotá entre los años 2006 y 2010. Consultor en Asuntos Públicos y de Gobierno a través de su firma Valure, fundada en 2011. Panelista de Blu Radio y columnista de El Espectador

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