Nicolás Uribe Rueda

Pasa en Colombia. Progresistas radicales se oponen a cualquier forma de explotación de recursos naturales no renovables. En su intento no tienen límites.

Sirven las mentiras, la manipulación popular, los malabarismos jurídicos y toda clase de argumentos que plantean dilemas irresolubles entre la explotación de los recursos y el agua, la vida, la agricultura y el medio ambiente. Los objetivos de la cruzada son claros, aunque la mayoría de sus motivaciones permanecen en la sombra. La apuesta de los progresistas, lejos de consultar el interés general, conculca las posibilidades de millones de colombianos de salir de la pobreza y promueve el mantenimiento del statu quo. La agenda de la izquierda progresista es tan extrema en este caso, que prefiere la explotación criminal de los minerales antes que la entrega de títulos a empresas nacionales o multinacionales para que se paguen impuestos, se genere demanda y se promueva la productividad.

En otras latitudes el debate ha sido similar. Aupados por argumentos mentirosos con gran fuerza simbólica, los radicales han tratado de frenar importantes iniciativas de explotación minera y petrolera en todo el continente. Sin embargo, gobiernos, no propiamente de derecha y no necesariamente autoritarios, han entendido que su deber es promover la explotación responsable de recursos, porque comprendieron que es posible explotarlos en condiciones de respeto al medio ambiente, manteniendo vivas las fuentes hídricas y en convivencia con la agricultura y con otras actividades productivas. El presidente Mujica pone el dedo en la llaga. Denuncia que muchos activistas están financiados por terratenientes, que apropiándose de temas ambientales y utilizando a activistas populares, buscan evitar que los salarios se encarezcan por cuenta del empleo de calidad que traería una iniciativa de explotación de dimensiones importantes: “Cuando aparece una mina importante en una región, hay que pagar más a los peones. Esta es la causa de fondo”, sostiene. Insiste en que como presidente de izquierda su deber es proteger el medio ambiente, pero renuncia a dejarlo como una foto. Si nos ponemos rigurosos —dice—, ni los árboles ni las vacas son de acá. Rafael Correa, el aventajado alumno del socialismo del siglo XXI, se burla de quienes repiten que “la mina contamina” y los llama a renunciar a la vida moderna, que resulta inconcebible sin minería. Los invita a vivir en una gruta, como la de Pedro Picapiedra. Humala, en el Perú, afirma que la base del crecimiento sostenido y estable de su país se debe en parte a la producción minera e invita al país a “aprovechar la capacidad que tiene la minería para arrastrar a otros sectores en la dinámica del crecimiento”.

Y así, uno a uno, desde los Castro petroleros, pasando por Evo y terminando con la Kirchner en Argentina, todos los gobiernos de izquierda latinoamericana han entendido las posibilidades que tiene un país cuando cuenta con un subsuelo rico en posibilidades. El reto en Colombia no sólo está en derrotar a estos fundamentalistas del ambiente, sino en sacar adelante proyectos importantes que compensen adecuadamente los costos ambientales y distribuyan juiciosamente los beneficios de la explotación.

Es idiota tener una riqueza y no tratar de multiplicarla, según el presidente Mujica. Aquí pululan.

Nicolás Uribe Rueda

Abogado de la Universidad de los Andes, con estudios en Política Internacional en American University de Washington D.C., y Política Pública de la Escuela de Alto Gobierno de la Universidad de los Andes. Máster en Acción Política y Participación Ciudadana en el Estado de Derecho del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid, la Universidad Rey Juan Carlos y la Universidad Francisco de Vitoria. Consejero Presidencial 2002-2004 y Representante a la Cámara por Bogotá entre los años 2006 y 2010. Consultor en Asuntos Públicos y de Gobierno a través de su firma Valure, fundada en 2011. Panelista de Blu Radio y columnista de El Espectador

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