Por: Nicolás Uribe Rueda

El alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, lo dijo esta semana con indignación y franqueza: “O remamos pa’l mismo lado o nos jodemos…”. Y tiene razón cuando así protesta por la liberación, otra más, de un delincuente que sale a la calle para continuar con sus andanzas criminales luego de haber sido detenido y puesto a órdenes judiciales por presuntamente haber desaparecido a tres jóvenes de la comuna 13 de Medellín.

Y la verdad sea dicha, en este país nos vamos a joder si no remamos también para el mismo lado en muchos otros frentes. Es francamente increíble, por ejemplo, la pelea por la manera en que se debe combatir la coca. Ahí están los hechos: la coca ha crecido como nunca antes y es una amenaza de innegables dimensiones. Nos afecta más su existencia que la decisión sobre cualquier mecanismo para combatirla. Es extraño, pues, que la evidencia no contribuya a construir consensos.

Valdría la pena remar también en conjunto para construir un ambiente amable para la creación de empresa, la formalización del mercado laboral y el justo pago de tributos. Sería fuente de riqueza para el empresario y la oportunidad que necesita quien nada tiene. Es paradójico: a nadie gusta el sistema tributario, pero somos incapaces de llegar a acuerdos que beneficien a todos por igual, con un esquema justo, horizontal y progresivo. Con el ánimo de hacer chillar a los ricos no tenemos problema en dañar a los pobres, incluso actuando en su propio nombre.

La minga es otro caso de relevante actualidad. Es francamente insoportable oír tantas y tan ilustres voces justificando sin pudor los bloqueos y abusos que afectan a millones de personas en el sur de nuestro país. Por más justas que puedan ser determinadas pretensiones y por más que sean consecuencia de anteriores incumplimientos, nunca será aceptable afectar a tantos y de tal manera para reclamarlas. Promoverlas hoy y darles legitimidad política es también garantizar su repetición en el futuro, deslegitimar la autoridad y hacer inaplicable la norma que debe ser cumplida.

¿Por qué actuamos así? La verdad empiezo a creer que padecemos una proclividad al suicidio colectivo que nos permite infligirnos cierto daño en la medida en que dañemos más a otros. Absurdo, sin duda, pero es lo que está pasando: soy capaz de abrirle huecos al casco de mi barco con tal de que se ahogue primero el capitán.

El tipo de acción política que vemos hoy carece de fundamento axiológico, no se detiene a analizar el fondo de las cosas y nunca se pregunta por sus consecuencias. Estamos padeciendo la esclavitud de lo políticamente correcto y de la comunicación efectista aupada en la perversa superficialidad de las redes sociales. Es decir, asistimos de manera impávida al entierro de la responsabilidad en la acción política y a su sustitución por el rédito efímero de las frases de cajón que se viralizan, se convierten en tendencia y producen, cual norma jurídica, todos sus efectos políticos y sociales. No hay grises, todo es blanco o negro, malo o bueno, amigo o enemigo, sin matices ni explicaciones. Es imposible llegar a acuerdos, lo taquillero es la agresiva divergencia, incluso sobre lo más básico, que claramente consiste en preservar el bienestar de todos. Así estamos.

@NicolasUribe

 

Nicolás Uribe Rueda

Abogado de la Universidad de los Andes, con estudios en Política Internacional en American University de Washington D.C., y Política Pública de la Escuela de Alto Gobierno de la Universidad de los Andes. Máster en Acción Política y Participación Ciudadana en el Estado de Derecho del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid, la Universidad Rey Juan Carlos y la Universidad Francisco de Vitoria. Consejero Presidencial 2002-2004 y Representante a la Cámara por Bogotá entre los años 2006 y 2010. Consultor en Asuntos Públicos y de Gobierno a través de su firma Valure, fundada en 2011. Panelista de Blu Radio y columnista de El Espectador

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