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11 Ago 2017 – 9:00 PM

NIcolás Uribe Rueda

Las encuestas políticas tienen como objetivo ayudar a hacer visible el estado de la opinión de los ciudadanos en relación con la favorabilidad de candidatos, la intención de voto y la percepción sobre la realidad en donde viven, entre muchas otras cosas. Son un termómetro para comprender el estado de ánimo colectivo y ayudan a orientar políticas públicas, identificar problemas y probar el potencial efecto de algunas soluciones.

Sin embargo, de manera reciente, las encuestas políticas, en vez de contribuir a clarificar lo que sucede, parecen confabularse con el clima de confusión e incertidumbre y acaban de enredar las pocas certezas que existen en la arena política. Se está volviendo costumbre que las encuestas presenten resultados contradictorios, que sean incompatibles con otras mediciones y que dejen siempre a la interpretación del lector las principales conclusiones. La verdad es que existe mucha incertidumbre sobre las metodologías aplicadas, sobre los filtros que anteceden las preguntas, sobre la independencia de quienes las realizan y también sobre la honestidad con la que los ciudadanos contestan las preguntas: se ha vuelto de moda hablar del voto vergonzante, aquel que calla o niega su posición en público, pero se manifiesta en las urnas, como pasó con el plebiscito de la paz. Ya no falta el chistoso que afirma que es más confiable el horóscopo que las encuestas de opinión.

28 Jul 2017 – 9:00 PM

Caracol Elecciones

Desde hace más de una década Colombia atraviesa por una serie de dificultades que ameritan reformas a fondo para hacer viable un Estado que empezó a resquebrajarse por cuenta de un defectuoso diseño institucional y por el consecutivo y reiterado comportamiento de quienes sin consecuencia alguna abusaron del poder en el ejercicio de sus cargos. A pesar de la urgencia, no ha sido posible o no ha existido voluntad política para reformar la justicia, poner límite a la Corte Constitucional, impulsar una verdadera y definitiva reforma a la política, recomponer las relaciones de poder entre los poderes públicos o meter en cintura a los organismos de control.

Desde hace años también están en la agenda las reformas sociales y las económicas: el sistema de salud sigue funcionando con incentivos equivocados, las pensiones no alcanzan ni hay quien las pague, la actividad minero-energética se ha vuelto una aventura incierta y las reformas fiscales han convertido a nuestro país en el paraíso de la complejidad y del tributo indirecto, el reino de la incertidumbre y el cambio de las reglas de juego.

14 Jul 2017 – 9:00 PM

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Por: Nicolás Uribe Rueda

Las elecciones del año entrante se realizarán en medio de un debate degradado por cuenta de recriminaciones mutuas, denuncias de corrupción y un ambiente generalizado de polarización. No será fácil encontrar espacio para las ideas y a los ciudadanos nos será difícil saber la verdad sobre los hechos en medio de tantas mentiras, manipulaciones y verdades a medias que ya empiezan a contaminar discursos y redes sociales.

 

30 Jun 2017 – 9:00 PM

NIcolás Uribe Rueda

Por: Nicolás Uribe Rueda

Puede parecer estúpido afirmar que en semejante estado de polarización política en la que nos encontramos ambos bandos en disputa puedan tener razón en relación con el mismo tema. Sin embargo, creo que así sucede respecto de la declaratoria del fin de las Farc como grupo armado.

Tienen razón el Gobierno y sus voceros en buscar el reconocimiento nacional por haber logrado que las Farc se desmovilizaran. En el peor de los casos, 7.000 combatientes con sus armas y sus más sanguinarios jefes ya no están levantándose cada mañana para atentar contra el resto de los colombianos. Eso es un logro que no se debe minimizar y que se cuenta en vidas humanas y menos atentados terroristas, extorsiones y secuestros. Por malos que sigan siendo los jefes de las Farc, como creo que en efecto lo siguen siendo, es evidente que resulta menos peligroso para Colombia que su capacidad destructora no tenga a la mano dinamita, metralletas y toda clase de morteros. Bajar del coctel explosivo de bandas criminales, terroristas, narcotraficantes y demás el ingrediente que representa el letrero de las Farc, como en épocas pasadas se desmontó el de los paramilitares, es en sí mismo un muy importante avance que no debe ser desconocido y que representa sin duda el legado principal del mandato del presidente Santos.

16 Jun 2017 – 9:00 PM

Por: Nicolás Uribe Rueda

Caracol Elecciones

@NicolasUribe

Aunque parece una verdad de Perogrullo, hay quienes parecen no comprenderlo todavía: el proceso de paz es irreversible. Sí, señores, no tiene vuelta atrás. Sin embargo, esto es así no por las razones que con frecuencia esgrimen algunos de los arquitectos de una complejísima institucionalidad derivada de los acuerdos con las Farc ni mucho menos por cuenta del blindaje jurídico que se dice tienen las más de 300 farragosas páginas del famoso acuerdo. El proceso es irreversible, simplemente, porque después de cinco años de conversaciones y de algo más de seis meses de libertad sin restricciones en Colombia, los jefes de las Farc, así lo nieguen, e incluso amenacen constantemente con hacer precisamente lo contrario, nunca volverán al monte. Y ciertamente, desde esta perspectiva el proceso es exitoso. Años con sus noches durmiendo en cama con colchón, agua caliente, cámaras y entrevistas, atención médica, repelente para los mosquitos, reuniones con ministros, presidentes, líderes internacionales, vivir sin la sensación de estar huyendo y demás, lograron poner también su granito de arena para persuadir a los mayores criminales de la historia de Colombia de no volver a tomar las armas.

2 Jun 2017 – 9:00 PM

Programa juan

No en pocas ocasiones hemos abordado en este espacio las necesarias reformas institucionales que requiere la política para dejar de ser el negocio de unos pocos. La ausencia de partidos políticos, el mercenarismo ideológico, el costo de las campañas, la plata sucia que promueve aspiraciones perniciosas, la inconveniencia de la circunscripción nacional y tantas otras cosas son temas de la agenda institucional que Colombia tiene pendiente para hacer que la política vuelva a ser el instrumento que tiene nuestra sociedad para organizar el poder y ponerlo al servicio de las necesidades de la mayoría.

espectador

Programa juan

19 May 2017 – 9:30 PM

Por: Nicolás Uribe Rueda

Pensando en distanciarme de la pesadumbre del debate político nacional, decidí repasar las Historias de Polibio (libro VI), en donde trata la teoría de la sucesión cíclica de los regímenes políticos: “Con cada una de las constituciones nace una cierta enfermedad que se sigue de ella naturalmente. Con la realeza nace el desmejoramiento llamado tiranía; con la aristocracia, el mal llamado oligarquía, y con la democracia germina el salvajismo de la fuerza bruta”.

La oclocracia, o gobierno de la muchedumbre, es pues la natural desviación de la democracia, en donde una parte del pueblo enfurecido se cree dueña de un poder sin límites, reclama que los gobernantes no están a su altura, se niega a obedecer las normas y busca acabar todo aquello que ponga límite a su voluntad desenfrenada. Se trata pues de una desviación de la voluntad popular, como diría Rousseau, hacia la imposición de la voluntad de la mayoría, generalmente manipulada por intereses particulares y liderada por hombres carismáticos que se apoyan en la indignación, en las mentiras y en la demagogia pura y dura. Todo con el objetivo de obtener o quedarse en el poder.

NIcolás Uribe Rueda

2 Jun 2017 – 9:00 PM

Por: Nicolás Uribe Rueda

No en pocas ocasiones hemos abordado en este espacio las necesarias reformas institucionales que requiere la política para dejar de ser el negocio de unos pocos. La ausencia de partidos políticos, el mercenarismo ideológico, el costo de las campañas, la plata sucia que promueve aspiraciones perniciosas, la inconveniencia de la circunscripción nacional y tantas otras cosas son temas de la agenda institucional que Colombia tiene pendiente para hacer que la política vuelva a ser el instrumento que tiene nuestra sociedad para organizar el poder y ponerlo al servicio de las necesidades de la mayoría.

Al mismo tiempo, es claro que el capítulo de participación política dentro del Acuerdo con las Farc es piedra angular de la negociación. Permitir la creación del partido de las Farc, darle participación transitoria y automática en el Congreso, brindar apoyo presupuestal, entre otros, es connatural al Acuerdo y son demandas lógicas para lograr la desmovilización y el desarme. El Gobierno, sin embargo, fue más lejos y accedió también a que los criminales de lesa humanidad no tuvieran restricciones para participar en política y que su habilitación para el ejercicio público pudiera incluso concurrir con el cumplimiento de las condenas que estableciera la Jurisdicción Especial para la Paz. Además se creó un sinnúmero de artilugios para promover la intervención de organizaciones sociales en los territorios, a tal punto que algunas voces ya anticipan que este será el instrumento preferido por los “exfarc” para tomarse el poder local y así hacer nugatorio el papel de Concejos y Alcaldías por la vía de una parainstitucionalidad disfrazada de participación legítima. Nadie podrá, pues, acusar al Estado de no querer permitir la participación política de los desmovilizados.

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Foto: http://energyeducation.ca/encyclopedia/Not_in_my_back_yard_syndrome

Hace apenas unos días, un reconocido medio de noticias económicas publicó un breve informe donde describe al menos 21 proyectos minero-energéticos que tendrán que enfrentarse en el futuro a una consulta popular que busca prohibir su realización. A pesar de las diferencias entre cada iniciativa, la razón para la oposición se fundamenta en los mismos argumentos: objeciones ambientales, cambio de la vocación productiva, indeseados efectos sociales y económicos y escasos beneficios para los habitantes, que, dicen, se quedarían con los problemas y sin los beneficios de los proyectos.

Desde los años 80, este fenómeno de rechazo a proyectos locales, que parece despertar con toda fuerza contra la industria minero-energética en Colombia, se denomina en EE. UU. como el fenómeno Nimby, acrónimo de Not In My Back Yard (“No en mi patio trasero”) y se describe como un fenómeno que surge espontáneamente como reacción hostil ante el desarrollo de actividades o instalación de servicios, proyectos o infraestructuras que se perciben como peligrosos, incómodos o desagradables. Los militantes Nimby tienen poco interés por entender argumentos, son insolidarios frente al impacto positivo de los emprendimientos para el conjunto de la sociedad, no plantean alternativas y tienen poca disponibilidad para oír explicaciones independientes sobre su verdadero impacto. El movimiento Nimby tiene audiencias crecientes gracias a las redes sociales, las fake news y la solidaridad que despiertan conflictos definidos como peleas entre David y Goliat.