Por: Nicolás Uribe Rueda

No ha sido fácil para Iván Duque llegar al día de hoy. Su carrera política empezó en el Senado de Colombia, donde rápidamente deslumbró por su capacidad, su dialéctica y su don de gentes. Fue leal en el debate político; contundente, pero siempre respetuoso con las personas. Defendió sus convicciones sin ofender y se distanció de aquella idea en virtud de la cual la luminosidad en la política se construye a medida que se va embarrando a todos y a todo lo demás. Nunca compró peleas ajenas y tramitó sus controversias con respeto por quienes incluso lo ofendieron. A pesar de ser parte de un grupo parlamentario de oposición, lo que implica la reducida capacidad de maniobra, hizo debates importantes para el país y logró aprobar importantes leyes. Con determinación, empezó a recorrer las regiones y terminó ganando la elección de su partido, a pesar de que, desde adentro, algunos trataron de impedirlo, pues consideraban entonces que el joven político era blando y tenía una ideología de centro que no representaba integralmente ciertas posturas de derecha.

 

Superado el escollo interno, acertó luego en la realización de una consulta interna que lo catapultó al primer lugar de las encuestas, de donde no pudieron bajarlo el resto de la campaña. Con ocasión de esta consulta, se concretó la fórmula con Marta Lucía Ramírez, mujer trabajadora e íntegra, con experiencia probada de eficacia y transparencia en la gestión pública. Entre los dos, concretaron un ambicioso plan de gobierno. De éste, vale la pena leer en detalle su propuesta de crecimiento económico, que va mucho más allá del establecimiento de tarifas corporativas competitivas y la simplificación del farragoso régimen tributario lleno de exenciones insostenibles. En el fondo, el programa es una apuesta por la industrialización de Colombia, un compendio de ideas para impulsar la empresa, generar empleo, apoyar emprendedores, diversificar la economía, garantizar seguridad jurídica y fortalecer la institucionalidad. Una receta integral para crecer con equidad reduciendo la informalidad.

Pero ha sido duro. Los ataques a Duque y a Marta Lucía no se concentran en sus calidades personales ni en sus candidaturas, ni siquiera en sus propuestas. Ante los atributos de los candidatos e intachables trayectorias, se concentraron en atacar al expresidente Uribe como si este fuera el candidato y más tarde optaron por denigrar de las adhesiones políticas que llegaron con base en la realidad electoral, a las que además atribuyeron poderes sobrenaturales de influencia.

La verdad es que mañana Colombia tiene la oportunidad de elegir a Duque y a Ramírez. Estoy seguro de que sus opositores, más temprano que tarde, comprobarán el talante de dos personas que gobernarán para el bien común, que serán implacables contra la corrupción, que reestablecerán el diálogo político y que terminarán con la bochornosa costumbre de comprar apoyo en el Congreso, a punta de puestos, cupos indicativos y auxilios parlamentarios.

El lunes habrá un nuevo gobierno. Ojalá el país le dé la oportunidad de superar las divisiones y construir consensos mayoritarios. No será fácil, pero es lo que conviene a Colombia.

@NicolasUribe

 

Nicolás Uribe Rueda

Abogado de la Universidad de los Andes, con estudios en Política Internacional en American University de Washington D.C., y Política Pública de la Escuela de Alto Gobierno de la Universidad de los Andes. Máster en Acción Política y Participación Ciudadana en el Estado de Derecho del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid, la Universidad Rey Juan Carlos y la Universidad Francisco de Vitoria. Consejero Presidencial 2002-2004 y Representante a la Cámara por Bogotá entre los años 2006 y 2010. Consultor en Asuntos Públicos y de Gobierno a través de su firma Valure, fundada en 2011. Panelista de Blu Radio y columnista de El Espectador

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