Por: Nicolás Uribe Rueda

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Todavía están frescas en mi mente las imágenes de la tanqueta blanca embistiendo a los manifestantes en Caracas el martes pasado. Con este, son muchos ya los episodios que demuestran la crueldad del régimen y la disposición que tiene para transgredir sin pudor las barreras impuestas por la civilización al poder represor del Estado. Maduro, no cabe duda, está como borracho aferrado a la farola del poder convencido que no tiene más opciones que quedarse, porque todos los demás escenarios son peores para él y sus secuaces.

Y claro, el dictador no se cae; es menester tumbarlo. Y para hacerlo, en este caso, hay que desmontar la tramoya que ensamblaron los chavistas desde que llegaron al gobierno, cuando ya eran conscientes que no entregarían democráticamente la Presidencia y que desde la trinchera del poder buscarían quedarse a toda costa siguiendo el libreto de los barbudos de la isla, entronizando en Venezuela la misma receta de opresión.

Por eso nada es fácil, y la salida de Maduro no es cuestión de días, como tanto intérprete sugiere frustrado, acusando de incapaces a quienes lideran la valiente resistencia. No sólo se trata del control de las armas, sino también del adoctrinamiento cubano, la dependencia vital de millones de personas que detestan el chavismo, pero que dependen de él para comer, la corrupción del régimen y sus mercenarios, el saqueo de los recursos públicos y tantos otros elementos que confluyen en hacer compleja la tarea de la oposición venezolana, que por más errores que haya cometido y que cometa en el futuro, no cabe duda que nos da un ejemplo diario de coraje, persistencia y amor patrio.

Pero más allá de todos los factores materiales que dificultan la escapatoria de Maduro, cada día estoy más convencido que la talanquera más grande que ha tenido su salida del poder es la magnitud del apoyo político, tanto frentero como solapado, que ha cultivado el socialismo chavista durante todos estos años. Desde políticos moderados con prestigio internacional hasta radicales tóxicos que todavía defienden con pasión los millones de crímenes del comunismo soviético, han confluido en soportar moral y políticamente un régimen impresentable, que si no fuera porque es de izquierdas, probablemente habría caído hace mucho rato. Entre los responsables de esta devastación están sin duda los áulicos del modelo cubano plagado de crímenes, mentiras y fracasos, pero también actores, futbolistas, economistas, literatos, músicos y sobre todo políticos latinoamericanos que nunca pudieron deshacerse de su inclinación a justificar abusos siempre que vinieran de socios ideológicos, aun cuando fuera necesario sacrificar sus aparentes convicciones democráticas: Bachelet, Zapatero, Samper, los Kirchner, Lula, Evo, Ortega, Sean Penn, Oliver Stone, Michael Moore, Noam Chomsky, Petro, Stiglitz, Pepe Mujica y muchos más son coautores indirectos de esta tragedia humanitaria. Mujica todavía esta semana justificaba vulgarmente la represión del régimen chavista afirmando que los manifestantes no deberían pararse frente a las tanquetas.

Venezuela no recuperará su libertad por arte de magia, pero está cada día más cerca de lograrlo. No basta sin embargo desmontar los factores reales de poder que sostienen a Maduro. Es necesario desenmascarar también a los responsables políticos del exterminio de libertades y derechos.

@NicolasUribe

 

Nicolás Uribe Rueda

Abogado de la Universidad de los Andes, con estudios en Política Internacional en American University de Washington D.C., y Política Pública de la Escuela de Alto Gobierno de la Universidad de los Andes. Máster en Acción Política y Participación Ciudadana en el Estado de Derecho del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid, la Universidad Rey Juan Carlos y la Universidad Francisco de Vitoria. Consejero Presidencial 2002-2004 y Representante a la Cámara por Bogotá entre los años 2006 y 2010. Consultor en Asuntos Públicos y de Gobierno a través de su firma Valure, fundada en 2011. Panelista de Blu Radio y columnista de El Espectador

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