Por: Nicolás Uribe Rueda

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Con el arranque de la campaña presidencial ya estamos viendo documentos y propuestas concretas en materia de salud, educación, pensiones, infraestructura, seguridad, productividad y tantas cosas más. Para ser francos, los electores vamos a contar con una amplia baraja de candidatos que representan posturas diversas sobre los problemas nacionales; desde aquellos que se inspiran y se nutren del socialismo del siglo XXI, hasta quienes defienden el mercado y las libertades individuales. Lo cierto es que hay candidatos para todos los gustos y de todos los pelambres.

Es poco probable, sin embargo, que la gente decida su voto en razón a alguna propuesta temática específica y, por el contrario, es previsible que la implementación de los acuerdos de La Habana y la lucha contra la corrupción sean no sólo los asuntos más visibles durante la campaña, sino también los factores decisivos en la conformación de la voluntad electoral de los ciudadanos. A ello contribuyen el desafío cínico y sistemático de las Farc a la verdad y a la inteligencia de la gente y la presencia diaria de escándalos de corrupción que afectan a todos los poderes públicos.

Así las cosas, y aunque pudiera parecer un poco necio, valdría la pena que los candidatos dedicaran algo de su tiempo y el de sus equipos a desarrollar una propuesta integral orientada a recuperar la institucionalidad, recomponer el equilibrio de los poderes públicos y construir confianza alrededor del papel del Estado en la vida cotidiana. La verdad es que no hay que ser un genio para darse cuenta de que en Colombia transitamos por un espinoso camino en donde el desinterés y la inactividad política frente al desprestigio del Estado en su conjunto no tardarán en conducirnos al deterioro de la democracia y la aparición de alguna de sus desviaciones autoritarias o populistas. Lo cierto, además, es que la mayoría de problemas que subsisten en casi todos los sectores de que tratan las propuestas de los aspirantes presidenciales tienen como común denominador la ineficacia institucional, la ausencia de Estado, la incompetencia y la tardanza de las entidades oficiales a la hora de entregar soluciones oportunas a las demandas ciudadanas.

Por ello, sería interesante encontrar pronto en la campaña propuestas integrales de los candidatos en donde aborden la agenda institucional y empiecen a explicar cómo es que reformarán la justicia (¿reforma constitucional, constituyente restringida, referendo?), cómo recuperarán el sistema de salud de las garras de la política, cómo construirán las bases de una coalición de gobierno en el Congreso con instrumentos alternativos a los puestos y a los cupos indicativos en cualquiera de sus denominaciones, y en qué sentido impulsarán la necesaria reforma a los organismos de control. Sería bueno entender cuál es su visión sobre la reforma política, qué papel tendrá la tecnología y cómo depurarán la maraña normativa que cada día enreda más la seguridad jurídica.

La agenda de propuestas sobre cómo enderezar la institucionalidad probablemente es la menos atractiva y la más insignificante desde el punto de vista electoral. Pero al mismo tiempo es la más relevante para que todas las demás tengan cómo ponerse en marcha.

@NicolasUribe

 

Nicolás Uribe Rueda

Abogado de la Universidad de los Andes, con estudios en Política Internacional en American University de Washington D.C., y Política Pública de la Escuela de Alto Gobierno de la Universidad de los Andes. Máster en Acción Política y Participación Ciudadana en el Estado de Derecho del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid, la Universidad Rey Juan Carlos y la Universidad Francisco de Vitoria. Consejero Presidencial 2002-2004 y Representante a la Cámara por Bogotá entre los años 2006 y 2010. Consultor en Asuntos Públicos y de Gobierno a través de su firma Valure, fundada en 2011. Panelista de Blu Radio y columnista de El Espectador

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