NICOLÁS URIBE RUEDA 28 MAR 2014 – 9:41 PM

Nicolás Uribe Rueda

Cuando se trata del gobierno, —lo dice Tony Blair con contundencia— el reto es la eficacia, no la ideología. A los ciudadanos de nuestros días, poco o nada importa quién gobierna y desde qué posición del espectro político e ideológico se hace. Mientras funcione, al padre de familia lo tiene sin cuidado el modelo de administración del colegio de su hijo (público, privado o concesionado). Al ciudadano de a pie no le interesa si quien recoge su basura es una empresa pública o si el bus en el que viaja todas las mañanas es de propiedad de un particular o está en el inventario del municipio en el que vive. El enfermo quiere una cama decente y un tratamiento digno y no tiene tiempo de averiguar si quien lo atiende es un doctor pagado de manera directa o indirecta con recursos oficiales. El refrigerio de los niños del jardín no sabe diferente dependiendo de si fue contratado con recursos departamentales, nacionales o locales. Nadie se angustia porque los bombillos de su casa encienden gracias a la energía generada por una multinacional o por una empresa pública. Todos, por el contrario, dependemos de la calidad, continuidad y oportunidad de los servicios de salud, educación, transporte y energía. A todos nos indigna la falta de alimentación para los niños, nos molesta caminar entre basuras y a todos, sin falta, nos entristece imaginar desde un trancón cómo nuestros hijos se hacen grandes.
Y lo anterior no sólo es un enunciado retórico. La prueba está en que hay malos y buenos gobiernos de izquierda, de centro y de derecha, así como líderes situados en todos los puntos cardinales de las ideas, que se perfilan en Colombia y en el mundo como grandes transformadores de las sociedades en las que viven.En el marco de este análisis, el fracaso de Petro en Bogotá no se explica por su interés de gobernar desde la izquierda, sino por cuenta de su excitación ideológica y su pobre capacidad de obtener resultados. Petro creyó que la basura de las calles la recogería la ideología, que los jardines infantiles que prometió por cientos se construirían con ideas y que el transporte en Bogotá mejoraría tan pronto desacreditara de manera sistemática a los operadores privados de Transmilenio. El exalcalde, malamente, creyó que la estatización de los servicios per se mejoraría la prestación de los mismos y que la burocratización de las entidades distritales crearía una ciudad más incluyente. Petro se equivocó al pensar que predicando sobre la paz para Colombia lograría impulsar una cultura de convivencia en Bogotá y que promoviendo el odio de clases podría impulsar el desarrollo económico de los bogotanos. Ahí, a la vista de todos, están los resultados.Y precisamente por todo lo contrario, “Pardo el Breve”, como seguramente pasará a la historia el encargado alcalde de Bogotá, tendrá más realizaciones en apenas unas semanas que Petro en dos largos y tediosos años. Mientras el primero gobierna con el apoyo de la Presidencia y con sentido de urgencia enfrenta las preocupaciones más sentidas de los ciudadanos, el segundo no supo aprovechar la oportunidad para transformar a Bogotá y se dedicó a fidelizar a sus devotos electores con discursos. Hasta donde sabemos, y aun desde el gobierno, un trino nunca ha logrado cambiar la vida de un ciudadano del común.

Nicolás Uribe Rueda

Abogado de la Universidad de los Andes, con estudios en Política Internacional en American University de Washington D.C., y Política Pública de la Escuela de Alto Gobierno de la Universidad de los Andes. Máster en Acción Política y Participación Ciudadana en el Estado de Derecho del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid, la Universidad Rey Juan Carlos y la Universidad Francisco de Vitoria. Consejero Presidencial 2002-2004 y Representante a la Cámara por Bogotá entre los años 2006 y 2010. Consultor en Asuntos Públicos y de Gobierno a través de su firma Valure, fundada en 2011. Panelista de Blu Radio y columnista de El Espectador

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