Nicolás Uribe Rueda

Al alcalde Petro parece que le divierte deshacer lo que funciona y arreglar lo que no está dañado. Además, le encanta hacerlo a las patadas, vulnerando derechos, generando traumatismos y justificando con sofismas.

El año pasado, por su obstinación para hacer a las carreras lo que busca, hizo que Bogotá se despertara con las basuras hasta el cuello, razón por la cual la Procuraduría lo tiene hoy al borde del retiro.

Este año, el alcalde ya expidió el Decreto con el que nos arruinará la Navidad, que por supuesto sigue la línea de acción que ha trazado la Administración: prohibir como mecanismo alternativo a la incapacidad de construir soluciones. En esta oportunidad, se trata del Decreto 520 de 2013 que introduce restricciones al transporte primario de abastecimiento y a la distribución urbana de la carga. Una vez más, por la improvisación y la arrogancia, la Administración se confunde a la hora de convertir en norma sus buenas intenciones y termina castigando a los ciudadanos.

Entre otras cosas, la medida prohíbe el tránsito de camiones de más de siete toneladas. Con ello, el alcalde multiplica los carros y la contaminación, pues lo que antes se hacía con un viaje ahora requiere dos o tres camiones que lo suplan. Un estudio de la Universidad de los Andes recientemente elaborado, menciona que en la calle 13, corredor principal de carga en Bogotá, la migración a camiones de menor tamaño significaría una reducción de velocidad de 48 a 20 kilómetros por hora, y con ello, multiplicaría por dos el tiempo de ingreso a la ciudad. Esto sin contar con que a la destartalada calle 13 llegarán también los camiones que ya no podrán entrar por la autopista sur y la calle 80, pues gracias al Decreto y sus restricciones, resulta imposible que por estas rutas se llegue a la zona industrial de la ciudad. Así pues, el alcalde y sus genialidades decembrinas no solo castigan al sector productivo, sino que también condenan a vivir metidos en un carro a 500 mil personas que habitan en Mosquera (7 de cada 10 viviendas nuevas en este municipio las compran personas que trabajan en Bogotá), Funza y demás municipios vecinos de la capital. Así las cosas, la medida no solo no mejora la movilidad sino que su impacto económico será luego trasladado a los ciudadanos vía precio del producto. ¡Buena esa alcalde!

Otro objetivo de la medida es trasladar la gestión de carga a las horas de la noche. Si bien esto podría ser una buena idea, el Decreto improvisa y no prevé situaciones que son apenas obvias. No aborda las preocupaciones de seguridad (transacciones se hacen en dinero en efectivo), no tiene en cuenta los horarios de apertura de las tiendas (el tendero tendrá que levantarse a recibir la mercancía a las dos de la mañana) y tampoco contempla los efectos no deseados del ruido para los vecinos, que en planes piloto anteriores, han demostrado que generan malestar en contra de los operadores nocturnos de la carga (querellas).

¿Será mucho pedir al niño Dios en esta navidad, que Petro, en vez de inventarse soluciones a problemas que no existen, se dedique al menos a hacer un par de cosas que mejoren la movilidad? Ojalá puentes e infraestructura, ojalá orden en las calles. Si no, al menos que tape unos huecos en vías principales o algo haga con los “malparqueados” que taponan vías y hacen lo que quieren.

Nicolás Uribe Rueda

Abogado de la Universidad de los Andes, con estudios en Política Internacional en American University de Washington D.C., y Política Pública de la Escuela de Alto Gobierno de la Universidad de los Andes. Máster en Acción Política y Participación Ciudadana en el Estado de Derecho del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid, la Universidad Rey Juan Carlos y la Universidad Francisco de Vitoria. Consejero Presidencial 2002-2004 y Representante a la Cámara por Bogotá entre los años 2006 y 2010. Consultor en Asuntos Públicos y de Gobierno a través de su firma Valure, fundada en 2011. Panelista de Blu Radio y columnista de El Espectador

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