NIcolás Uribe Rueda

Colombia parece estar finalmente entrando en el debate específico de la forma en que se debe implementar aquello que se firme en La Habana. El presidente propuso un Congresito para la paz, como instrumento para desarrollar los acuerdos ágilmente, y en sus propias palabras sostuvo que ello “serviría para legalizar lo acordado en las mesas de negociación”.

La tesis del Gobierno, según parece, es que se requiere la creación de un mecanismo expedito, vía reforma constitucional, para que no se agote la paciencia de la gente ni se echen a perder los acuerdos por falta de impulso reglamentario.

El modelo propuesto lo conoce bien Humberto de la Calle, quien casi 30 años atrás, participó del gobierno que con los partidos mayoritarios y los copresidentes de la Asamblea Nacional Constituyente, acordó primero la revocatoria del Congreso recién elegido, y luego, la creación de una comisión especial de 36 miembros (artículos transitorios 6 y 7), que la opinión pública prontamente bautizó como el Congresito. En aquel entonces, se trataba de que la Comisión aprobara o improbara, mientras se elegía el nuevo Congreso, aquellos textos propuestos por el Gobierno en desarrollo de las facultades extraordinarias que se le otorgaron al ejecutivo también en artículos transitorios de la nueva Constitución.

Lo único cierto es que falta información para poder analizar con precisión lo que significa la nueva idea presidencial. Es necesario que el Gobierno concrete su propuesta y explique por qué el Congresito puede lograr aquello que a su juicio el Congreso es incapaz de hacer. ¿cuánto durará esta Comisión Legislativa? ¿A qué temas deberá dedicarse? ¿Podría reformar la Constitución? ¿Cómo y quién la integrará? ¿Cuál será el papel de las Farc? ¿Cómo y cuándo se presentará al Congreso la reforma Constitucional que le dará vida? ¿El Congreso en ejercicio tendrá limitaciones para legislar sobre los temas que aborde el nuevo Congresito? ¿Habrá control constitucional de los actos expedidos por el Congresito? En fin, no son pocas las cuestiones que es necesario aclarar y resolver.

En cualquier caso, es tan profunda la modificación de nuestra estructura constitucional como tan trascendental el contenido de lo que en el Congresito habrá de decidir, que en breve pasaremos a la discusión sobre la revocatoria del Congreso, que aunque se niegue por ahora, será sin duda plato fuerte en el menú de las reformas estructurales que se van a requerir para lograr la paz.

Y si bien son distintas las condiciones políticas de hoy frente a las del año 91, hay una cosa sobre la cual podría haber incluso más consenso y entusiasmo ciudadano: la necesidad de la renovación política. Si se quiere la paz, seguramente, se dirá, resulta fundamental revocar el mandato del actual Congreso y llamar a elecciones bajo el nuevo marco normativo que deberá crearse para permitir la participación política derivada de los acuerdos deLa Habana.

Y para saber el resultado, no hay sino que fijarse en el desprestigio del Congreso, tema en el que sí coinciden todas las encuestas. No nos engañemos, nada, ni la paz, resulta más popular que la revocatoria del Congreso.

@NicolasUribe

 

Nicolás Uribe Rueda

Abogado de la Universidad de los Andes, con estudios en Política Internacional en American University de Washington D.C., y Política Pública de la Escuela de Alto Gobierno de la Universidad de los Andes. Máster en Acción Política y Participación Ciudadana en el Estado de Derecho del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid, la Universidad Rey Juan Carlos y la Universidad Francisco de Vitoria. Consejero Presidencial 2002-2004 y Representante a la Cámara por Bogotá entre los años 2006 y 2010. Consultor en Asuntos Públicos y de Gobierno a través de su firma Valure, fundada en 2011. Panelista de Blu Radio y columnista de El Espectador

Los comentarios están cerrados