Entrevistas

 

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El álgido enfrentamiento entre Álvaro Uribe y Gustavo Petro ocurrió en el debate sobre la votación de las objeciones a la JEP en el Senado.

En un momento el líder de la Colombia Humana aseguró: “Cómo había tesis jurídicas defendidas por el gobierno del entonces (presidente) tratando de hacer del narcotráfico un delito conexo al delito político, yo me opuse. El proceso con los paramilitares no es sino la politización de un acuerdo con el narcotráfico colombiano”.
El expresidente le respondió: “Yo prefiero 80 veces al guerrillero en armas que al sicariato moral difamando. Sicario, sicario, sicario”.

Ante este panorama, María Margarita Zuleta, directora de la escuela de gobierno de la Universidad de los Andes, reflexiona que la gente, al ver estos episodios, se va a preguntar “para qué voté por este personaje”.

El analista político Nicolás Uribe estima, además, que “el debate político en esos términos no construye y, de alguna manera, es igual de destructivo que la guerra porque, de una u otra forma, usted lo que hace es evitar que la política sea el instrumento de transformación de la sociedad”.
En medio de estas reacciones, la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez pidió mesura.
Para el próximo lunes fue convocado un debate que promete ser más caliente que el de anoche en el Senado de la República.

Nicolás Uribe Rueda fue representante a la Cámara y hoy en día es consultor de Asuntos Públicos y de Gobierno. Acudimos a él con el propósito de continuar con nuestra misión de analizar y entender el liderazgo dentro del Congreso de la República.

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Red Líder: ¿Cuál es la importancia del Congreso para la democracia colombiana?

Nicolás Uribe: El Congreso es una institución fundamental, que a pesar de que no genera mucho entusiasmo ante la ciudadanía, cumple un papel verdaderamente relevante en la configuración de nuestros derechos y en la garantía de nuestras libertades. Sin él, no estaríamos asistiendo a una democracia, sino básicamente a una serie de poderes totalitarios que no tienen quién los controle. La gente cree que porque vivimos en libertad vamos a vivir en libertad todos los días de nuestra vida, y la verdad es que la fragilidad de nuestras instituciones, y de las que hemos visto en el vecindario, nos demuestran todos los días que aunque debemos mejorar lo que tenemos, lo que tenemos es mejor que la ausencia absoluta de ese tipo instituciones. Estas garantizan que el país pueda tener libertades, desarrollo económico, libertad de empresa, y que podamos hacer básicamente lo que a cada uno le parezca mientras que no se enfrente directamente a la Constitución o la ley.