Columnas EL ESPECTADOR

Nicolás Uribe Rueda

Al alcalde Petro parece que le divierte deshacer lo que funciona y arreglar lo que no está dañado. Además, le encanta hacerlo a las patadas, vulnerando derechos, generando traumatismos y justificando con sofismas.

El año pasado, por su obstinación para hacer a las carreras lo que busca, hizo que Bogotá se despertara con las basuras hasta el cuello, razón por la cual la Procuraduría lo tiene hoy al borde del retiro.