Columnas EL ESPECTADOR

13 FEB 2015 – 11:00 PM

Nicolás Uribe Rueda

CON BASTANTE FRECUENCIA LAS Farc parecen olvidar que el proceso de paz aún no termina y que los colombianos no propiamente los reconocemos por sus aportes a la formulación de políticas públicas sino por su indiscutible habilidad para hacer daño.

En sus voceros advertimos las palabras de asesinos y no las recomendaciones de sabios estadistas. Por tanto, lo que ellos afirman y pretenden hacernos ver como aportes a la deliberación democrática en la formulación de políticas públicas, no serán más que amenazas hasta tanto no firmen la paz, entreguen las armas, confiesen sus crímenes y reparen a sus víctimas. Como bien dice el refrán, por más que uno madrugue no amanece más temprano.

Pero como los vemos tan activos, preparando cuadernos temáticos y proponiendo toda clase de iniciativas sectoriales, me pareció oportuno contribuir con al menos 10 puntos de una agenda que, aplicándose por parte de las Farc, tendría claros e inmediatos impactos positivos sectoriales. Aquí va:

30 ENE 2015 – 11:00 PM
Nicolás Uribe Rueda

Doce años son bastantes para mostrar las bondades de un modelo de gobierno.Una década y algo más de administraciones que tienen una misma línea política es suficiente para construir grandes obras de infraestructura, consolidar la cultura ciudadana y lograr transformaciones sustanciales en las políticas de salud, seguridad, educación y ambiente de cualquier ciudad. En 12 años bien aprovechados se pueden impulsar transformaciones irreversibles que permitan a los ciudadanos acordar su futuro y eludir la tragedia de volver a empezar a diseñar el porvenir como si nada se hubiese hecho en el pasado. En 12 años en los que gobierna el mismo equipo se pueden corregir los errores y aprender de las equivocaciones del pasado y también se logra mejorar la percepción que la ciudadanía tiene del Estado y demostrar que la política es la vía para resolver los problemas cotidianos de los individuos.

En 12 años no hay espejo retrovisor que valga para culpar a terceros de los fracasos ni tampoco quién pueda negar que los logros son la consecuencia del ejercicio acertado del poder.Sin embargo, entre los tres gobiernos del equipo que conforma el “Polo Verde Progresista Alternativo” o cualquiera de sus denominaciones, nada le dejaron a la ciudad más que problemas. Hoy la capital de Colombia está peor que cuando por primera vez la recibieron en el año 2004. Así su alcalde crea que es el sexto mejor del mundo, lo cierto es que la calidad de vida de los bogotanos se ha deteriorado de manera sustancial con las últimas tres administraciones. La inexperiencia, la vagancia, la falta de concentración en las tareas de gobierno y la particular relación que construyeron con la corrupción hicieron de estos años el escenario perfecto para que Bogotá retrasara su progreso en casi todas las materias. Ante la improvisación de los últimos gobernantes y sus recurrentes equivocaciones, los problemas se multiplicaron y el 70% de los bogotanos creen que la ciudad va por mal camino.Por eso, en un escenario electoral en donde no existe la segunda vuelta, los candidatos empiezan a tener el imperativo moral de unirse en caso de que se perfile un nuevo triunfo del equipo gobernante. La ciudad no está para votar a quien quiera ser precandidato presidencial ni a quien pretende cursar en ella el prekínder de la administración pública. Bogotá necesita algo mejor a alguien que quiera convertir el Palacio Liévano en una sede de campaña en favor o en contra del Gobierno, de los militares, del sistema, del capitalismo, o del proceso de paz.

Bogotá necesita un alcalde que gerencie la ciudad y que resuelva sus problemas, empezando por aquellos que crearon las tres últimas administraciones.Por eso la coalición que debe existir para ganar la Alcaldía de la ciudad sobrepasa la filiación política de los candidatos y no debe ser la de todos contra la izquierda o el Centro Democrático. La coalición que requiere Bogotá es la de todos contra el mal gobierno, aquel que representan quienes han participado de los doce últimos años de desastre en el Distrito.

Bogotá no puede premiar de nuevo a quienes ya le han causado tanto daño.

16 ENE 2015 – 9:17 PM

Nicolás Uribe Rueda

Este 2015, que comenzó lleno de noticias, está sin embargo atestado de incertidumbres.

En el escenario político son varios los temas que están sobre la agenda. La suerte del proceso de paz es sin duda el más relevante de todos. El presidente Santos no tiene sino este año para consolidar la negociación y llegar a un acuerdo que debe necesariamente ser refrendado popularmente en octubre, el mismo día de las elecciones regionales. Existen preguntas sobre si las Farc finalmente firmarán un acuerdo, si se hará en medio de un cese al fuego bilateral y en qué terminarán la participación política y la situación judicial de los cabecillas guerrilleros.

2 ENE 2015 – 9:30 PM

NIcolás Uribe Rueda
Es ya insostenible la manera como en Colombia se hacen las cosas para que no se haga nada. Ahora resulta que, después de cuatro meses de intentonas, el contralor general de la Nación no pudo firmar un contrato de arrendamiento por el pavor a correr la misma suerte de su antecesora. Así, tal cual es de poderoso, empezará el año arrimado en un ministerio, rogando por papelería y ocupando prestados los pupitres para los funcionarios que no pudo mandar a vacaciones obligadas. Mientras la corrupción campea, la Contraloría anda de trasteo.

Gramalote, el municipio aquel que por cuenta de la ola invernal de 2010 tuvo que ser deshabitado y cuyas promesas de reubicación se renuevan anualmente, aún no existe. Resulta que no se acaba el proceso de compra de predios, los diseños casi no terminan y el Concejo Municipal estuvo a punto de no aprobar el Esquema de Ordenamiento Territorial. Funcionaron mejor las tretas de particulares en contra del proceso que toda la acción del Estado y sus bienintencionados funcionarios. No sé a otros, pero a mí me resulta sorprendente que el poder Ejecutivo, con todos sus recursos, burocracias, armas y herramientas, resulte maniatado para comprar 100 lotes, poner en marcha una PTAR y hacer 2.000 viviendas para que 6.000 gramaloteros puedan volver a su pueblo. Y así como el Ejecutivo no puede con este tema, ni la Contraloría es capaz con el suyo, ni un connotado exministro logró que en cumplimiento de sus funciones se trasladara un médico a San Andrés, el Estado, en todas sus presentaciones, nacional, departamental o local, tampoco puede resolver miles de problemas diariamente. Ejemplos hay por miles.

NICOLÁS URIBE RUEDA 5 DIC 2014 – 11:00 PM

Nicolás Uribe Rueda

Una mosca pintada en el lugar adecuado mejora en un 80 por ciento la puntería de los hombres cuando se acercan a los orinales, evitando así las complicaciones sanitarias propias de la falta de tino en los baños públicos.

El orden de los productos de la cafetería puede privilegiar el consumo de alimentos saludables y una regla para que quien no quiera ser donante de órganos sea quien tenga la carga de darse de baja del sistema, logra impactar positivamente el número de donaciones.

NIcolás Uribe Rueda

Pasó el incendio y para algunos ello significa que se esfumó el problema.

Se quemaron quién sabe cuántas de las 600.000 llantas apiladas en Fontibón y mientras tanto, en Colombia, se siguen vendiendo 6,5 millones de llantas anualmente. La gran mayoría de ellas, a los 18 o 24 meses, terminarán en botaderos, ríos, esquinas o en las bodegas que, como la incendiada, se quedan cortas en la disposición final de este residuo que la normatividad califica de especial.

Las llantas en desuso, según dice la teoría y corrobora la práctica en algunas latitudes, sirven para hacer autopistas silenciosas, calentar hornos cementeros, hacer canchas sintéticas, hacer nylon para confección, producir impermeabilizantes y hacer fibras para recubrimiento de pisos, entre otras muchas cosas. Por aquí de aquello nada o más bien poco. Sin embargo, mientras entramos en esta onda verde del reciclaje de neumáticos para todos estos usos, sería bueno al menos empezar a pensar en el reencauche como mecanismo eficaz para reducir el ingreso de nuevas llantas a Colombia.

Nicolás Uribe Rueda

De acuerdo con la encuesta de opinión Industrial Conjunta de la Andi, el contrabando está en el cuarto nivel de prioridad entre los asuntos que más preocupan a los empresarios colombianos.

El tema ha pasado de un modesto 5% de participación entre las prioridades empresariales en el año 2000 al 16% en junio de este año, por encima del capital de trabajo, los costos logísticos y apenas un poco por debajo de la tasa de cambio.

Casi sin falta, todos los sectores de la producción nacional sufren las consecuencias negativas del contrabando. Productores e importadores por igual han tenido que destinar recursos y articularse con las instituciones oficiales para, de manera conjunta, buscar disminuir un fenómeno que parece superar la capacidad del Estado para combatirlo. La verdad es que, pese al esfuerzo institucional, es muy poco lo que se avanza y los logros son apenas perceptibles.

Nicolás Uribe Rueda

Por: Nicolás Uribe Rueda

El concepto del buen vivir ha irrumpido en la vida política colombiana sin que muchos se percaten. No se trata simplemente de un postulado retórico para llamar distinto al bienestar o para referirse a un estado de felicidad. El sumak kawsay (Ecuador) y el suma qamaña (Bolivia), traducidos como “buen vivir” y “vivir bien”, son conceptos de origen indígena que plantean una aproximación particular del hombre con la sociedad, la naturaleza y el mercado. El sumak kawsay hace parte de la cosmovisión indígena sobre el mejoramiento social y se distancia de la idea de la acumulación de bienes materiales como determinante principal del desarrollo, integrando códigos éticos alternativos y criterios como el de la relación del hombre con su entorno.

Nicolás Uribe Rueda

Tal como lo anuncié en anterior columna, hoy presento algunas de mis impresiones sobre el borrador firmado entre el Gobierno y las Farc en materia de participación política.

En primer lugar, vale la pena advertir que, a pesar de su nombre, el acuerdo no aborda la cuestión fundamental sobre la habilitación de los miembros de las Farc para la actividad política. Este tema será tocado cuando se llegue al punto sobre “el fin del conflicto” y es ahí donde se acordarán la suerte y condiciones de jefes y combatientes que quieran dedicarse a la política. En segundo lugar, es necesario mencionar que este acuerdo no tiene como objetivo fundamental abrir espacios formales para la participación de los miembros de las Farc en el Congreso, asambleas o concejos municipales. Salvo la concreta alusión a las circunscripciones transitorias especiales de paz (cuyo número aún no se define), no hay una sola concesión directa a las Farc, para que por derecho propio y sin pasar por las urnas puedan llegar a corporaciones públicas o cargos uninominales de elección popular.

NIcolás Uribe Rueda

Lo dijo de manera elocuente el negociador De la Calle en reciente columna publicada esta semana: la discusión civilizada sobre el proceso de paz no sólo es inevitable sino conveniente en un momento en el que se toman decisiones verdaderamente dramáticas para el futuro de Colombia.

Ahora bien, publicado el texto de lo acordado hasta el momento, lo natural es que la discusión ciudadana supere la superficialidad del debate “guerra o paz”, y se adentre en el análisis pormenorizado de los puntos acordados. Con este propósito, me permito respetuosamente formular unas preguntas sobre el primero de los acuerdos publicados, aquel que se refiere a una reforma rural integral.