Columnas EL ESPECTADOR

NICOLÁS URIBE RUEDA 13 ENE 2017 – 9:00 PM

Programa juan

La democracia no es perfecta y, probablemente, como decía Churchill, es la peor forma de gobierno a excepción de todas las demás intentadas hasta ahora. Sus vicios son de toda índole y de todos los pelambres son los riesgos que ella entraña. Basta ver de qué manera a cada instante la democracia debe incluso proteger las libertades y derechos de aquellos que pretenden destruirla. Pasa aquí y pasa en todo el mundo.

Los sistemas electorales, aquellos que son universales, permiten que cualquiera pueda acceder a cargos públicos. Y con ese propósito terminan lamentablemente siendo ineficaces para evitar la llegada al gobierno de incompetentes o corruptos. La democracia es pues garantía de acceso, pero en ningún caso de buen gobierno. De hecho, los electores con frecuencia se equivocan en la decisión colectiva y terminan eligiendo burros y puercos para el desempeño de tareas públicas. Animales que terminan empobreciendo y retrasando las oportunidades para todos. La democracia en Colombia además suele estar acompañada de una trágica paradoja: Los mejores gobernantes no son necesariamente los más hábiles candidatos, mientras que burros y puercos tienen sobradas habilidades para ganar las elecciones a las que se presentan.

30 DIC 2016 – 10:00 PM

Nicolás Uribe Rueda

En este día no quiero dedicar más tiempo a los balances del 2016 o las predicciones para el año que comienza. Ya está bueno de criticar a los demás e insistir en lo que deben hacer y no hicieron adecuadamente. Más bien prefiero dedicar algo de tiempo para hablar sobre cómo hacer mejor, o mucho mejor, aquello a lo que nos dedicamos habitualmente.

Por eso, hoy quiero recomendar la divertida y provechosa lectura de Tools of Titans, el nuevo libro de Tim Ferris, un empedernido emprendedor y escritor norteamericano cuyos textos alcanzan varios años de permanencia en el listado de bestsellers del New York Times. En Amazon está calificado como el segundo autor más vendido en temas de negocios, el cuarto en autoayuda y el trigesimosexto en general. Sus podcasts han sido descargados más de 100 millones de veces y los invitados a sus shows son célebres personajes que dejan innumerables y valiosos consejos sobre lo que consideran ha sido indispensable en el camino para conquistar el éxito.

2 DIC 2016 – 9:57 PM

Nicolás Uribe Rueda

Llegado a su fin el proceso de La Habana y refrendado el texto suscrito entre el Gobierno y las Farc en el Congreso, se abre finalmente paso la implementación de lo acordado.

Y aunque todos estamos pendientes de que las Farc dejen las armas, se desmovilicen, renuncien a la violencia, abandonen el negocio de la droga, delaten a sus socios narcotraficantes, entreguen sus bienes y devuelvan a los secuestrados y a los niños forzosamente reclutados; no se puede desconocer que la mayor carga de trabajo en la implementación del acuerdo está en cabeza del Estado y sus instituciones.

 Desde el punto de vista regulatorio, con o sin fast track el camino es largo y tortuoso, y no lo digo desde lo político/electoral: ¿Qué nos vamos a inventar para sacar adelante una reforma electoral que mejore la marcha de la política y reduzca la corrupción? ¿Qué controles debe tener el diseño institucional de la jurisdicción especial para la paz con el propósito de evitar la réplica de los vicios oprobiosos de nuestro empobrecido y desacreditado sistema judicial? Y así, entre una cosa y otra, entre el tema rural y el político, entre las demandas de seguridad para líderes sociales y la adecuación presupuestal para lograrlo, para solo mencionar un par de temas, parece ser evidente que resultan necesarias casi medio centenar de nuevas normas ordinarias, estatutarias y por supuesto también, la inclusión de no menos de 30 artículos transitorios o permanentes en la Constitución política.

Nicolás Uribe Rueda

LEÍDOS POR TERCERA VEZ LOS acuerdos de La Habana, es claro que los últimos textos tienen modificaciones importantes frente a aquello que se daba como definitivo en Cartagena. Hay correcciones y notas aclaratorias respecto a temas sustanciales que sin duda hacen de este un mejor acuerdo, pues introducen precisiones a las ambigüedades que se prestaban para una estrategia de abuso del derecho.

Se introdujeron límites relevantes a los escenarios de participación ciudadana, que en la práctica podrían inmovilizar a las autoridades elegidas popularmente. Se aclara que la participación no suplanta la autonomía de los actores institucionales y sus decisiones no se mediatizan por organizaciones de base que buscan incidir en la definición de tareas públicas. Se insiste en el respeto por la propiedad privada y con claridad se reafirman las reglas vigentes sobre expropiación. Se acaba también la feria de subsidios a dedo y se establecen procedimientos con criterios definidos por ley para la selección de beneficiarios. En buena hora también se aclara que la protesta social está permitida en tanto sea pacífica, palabra que estaba ausente y que se incorpora en el acuerdo. Las Farc deberán también entregar la lista de sus milicianos, sobre los cuales, esperaríamos todos, se derive la obligación de desmovilización. El nuevo texto pone límite al trato diferenciado con cultivadores de coca, se establece que serán judicializados si reinciden y los beneficios económicos y sociales no son compatibles con el cultivo de coca, algo que parecía apenas obvio, pero que estaba ausente. Me parece también importante señalar que, en el marco de la JEP, el testimonio no será válido si éste no está acompañado de otros medios de prueba, cuando quien acusa recibe beneficios por colaboración. También se hace expresa la obligación de las Farc respecto a la entrega de sus bienes y recursos.

21 OCT 2016 – 3:34 PM

Nicolás Uribe Rueda

Algunos sostienen que los políticos son especialistas en convertir cada solución en un problema. Y ello, esa es la verdad, es lo que parece estar pasando con las negociaciones tendientes a la construcción de un gran acuerdo nacional, que permita negociar con las Farc un nuevo texto que represente a todos los colombianos.

Cualquiera que no esté metido en las barras bravas de los bandos en disputa reconoce que resulta inviable modificar la totalidad del acuerdo con las Farc, como también es apenas natural que no se pueda implementar a la fuerza, tal como quedó escrito o con simples modificaciones cosméticas, un acuerdo que fue rechazado en las urnas, así fuera por exigua mayoría. Cualquiera de esas dos alternativas aún existe, pero ponerlas en marcha nos saca de un problema para meternos en una dificultad política aún mayor.

Los líderes del Sí y el No creo que actúan con lealtad a sus convicciones y de manera auténtica confían en que sus posiciones frente al contenido de lo acordado con las Farc son las correctas. Descalificar a Santos o a Uribe, a los demás promotores del acuerdo o a quienes proponen alternativas, como Marta Lucía Ramírez, planteando que a todos ellos los mueve exclusivamente la vanidad, su ambición personal o sus intereses electorales, me parece una simplificación inaceptable que no conduce sino al bloqueo político al que rápidamente nos aproximamos. Lo que todos deben entender, sin embargo, es que no hay espacio para la satisfacción integral de sus aspiraciones iniciales frente a lo acordado.

Los líderes políticos a veces necesitan un acompañamiento más cercano de la ciudadanía; incluso, en ocasiones excepcionales, requieren también la presión de la sociedad civil para avanzar por el camino más conveniente. Sin desconocer la representatividad de quienes conversan para buscar una alternativa para el problema político en el que nos encontramos, parece que hace falta una participación más efectiva, vocal, organizada y seria de la sociedad civil. Hace falta un Frente Civil, integrado por los gremios de la producción, los medios de comunicación, los jóvenes, las iglesias, las universidades, los demás poderes públicos no políticos y organizaciones de la sociedad civil, que sin vocería de parte en la disputa, y con representación social, puedan exigir con serenidad y contundencia un acuerdo pronto, real y amplio, que es lo que verdaderamente necesita Colombia. Sin el Frente Civil, en el pasado no habría sido posible sacar del poder sin un disparo al dictador Rojas Pinilla, ni se habría podido convocar a una Constituyente que, aunque necesaria, fue una salida metaconstitucional.

Lo retos económicos y políticos que tiene por delante Colombia obligan a que “los civiles” se involucren con mayor determinación en la búsqueda de las soluciones. Deben dejar de ser espectadores de una disputa entre terceros y entender que el tema también es con ellos, y que por tanto deben activamente promover y liderar el proceso de entendimiento entre políticos para poder contar con un pacto de Estado que conduzca a la recuperación de ese bien común de la paz, que ha sido patrimonio esquivo de todos los colombianos. Habrá que ver si quienes lideran estas instituciones de la sociedad civil reconocen aquí un llamado urgente del “país nacional” para salir de este estado de incertidumbre y se aplican en la tarea de impulsarlo.

15 JUL 2016 – 9:14 PM

Nicolás Uribe Rueda

El debate político colombiano anda superándose en levedad a cada instante. Y así sucede porque nos hemos empeñado en sustituir la deliberación con el etiquetamiento de las ideas y la simplificación de la posición de las personas.

Así sucede en la mayoría de temas de relevancia nacional, empezando por supuesto con el tema de la paz, pero continuando con todos aquellos asuntos en donde se presenta una elemental discusión política. A la larga, las ideas están quedando atrás y cada controversia termina ignorando el fondo del problema y centrándose exclusivamente en la identidad y origen de las personas que participan del debate.

La verdad es que nos estamos llenando de fundamentalismos que están convirtiendo la política en una actividad sinónimo de la intransigencia, en donde el diálogo es escaso y las posibilidades de alcanzar acuerdos, tan necesarios para emprender reformas estructurales, parecen no tener espacio. Nos resulta difícil hablar y casi que imposible entendernos cuando tantas voces andan empeñadas en vengar viejos rencores.

1 JUL 2016 – 3:04 PM

Nicolás Uribe Rueda

Ojalá algún día a Colombia le llegue el momento de las reformas estructurales, porque con el paso de los días, de los meses y de los años son más los temas que se acumulan y los sectores que se perjudican por cuenta de reformas cosméticas de corto plazo, de esas que van pateando los problemas para la semana entrante, el mes que viene y el año próximo, sin lograr nunca resolver los aspectos críticos que generan incertidumbre, altos costos de transacción y malestar social.

Por eso andamos de paro en paro, de incumplimiento en incumplimiento y de fracaso en fracaso en la tarea de construir instituciones fuertes que generen confianza, reglas claras, condiciones de competitividad y oportunidades para privilegiar los intereses generales, especialmente aquellos de los más pobres.
17 JUN 2016 – 9:00 PM
Nicolás Uribe Rueda

Colombia está en medio de una discusión absurda, políticamente orientada para plantear mentirosos dilemas entre las actividades mineroenergéticas y su compatibilidad con el agua, la agricultura, el medioambiente y las costumbres de las comunidades.

Es increíble, pero aquí aún encuentra eco la idea de que al explotar una mina la gente debe decidir entre el oro y la vida o cuando se extrae petróleo se debe renunciar a tener fuentes hídricas.Bello Horizonte, en Brasil, es una ciudad de más de dos millones y medio de habitantes rodeada por minas a cielo abierto, algunas en operación y otras en proceso de reforestación (No tienen que ir, basta verlo en Google Earth). Como es obvio, no hay una crisis de sed ni una epidemia de intoxicaciones. Esta ciudad es la capital del Estado de Minas Gerais (Minas Generales) y su equipo es el Atlético Mineiro (El noveno más costoso de la liga brasilera).La Mina el Teniente, en Chile, es la explotación subterránea de cobre más grande del mundo. Está ubicada a 50 kilómetros, aguas arriba, de la ciudad de Rancagua, en el valle del Cachapoal, en donde el 80% del área plantada se dedica a la producción de los deliciosos vinos chilenos.

Claramente esto demuestra que tanta amenaza y falso dilema solo tiene sustento ideológico, lleno de prejuicios, capaz de generar conflictos que priven a la gente de las oportunidades que brindan actividades legales que se pueden hacer con perfecto apego y vigilancia a estándares internacionales que garantizan la protección del ambiente y la conservación de las fuentes hídricas y las culturas tradicionales.

Pero siendo francos, lo que sucede en Colombia no es una discusión sino una guerra, una ofensiva contra las actividades extractivas y la industria mineroenergética. No de otra forma se explican tantos elementos que intrigan para que cada día sea más difícil perforar un pozo petrolero, construir una mina o hacer una hidroeléctrica.

Junio 3 de 2016

Nicolás Uribe Rueda

Los colombianos vivimos un frenesí noticioso por cuenta de la avalancha de acontecimientos diarios que es necesario registrar. Pasamos de noticia en noticia y de sobresalto en sobresalto. Un tema muere, simplemente cuando irrumpe algo más escandaloso, impactante o degradante.

Vale la pena entonces prepararnos para lo que viene, pues lo que nos espera en el inmediato futuro será de infarto, de definiciones y de profundas transformaciones. Lo que pasa en la política y en el marco regulatorio, lo que vendrá con ocasión de la implementación de los acuerdos de La Habana y lo que implica la nueva realidad de la economía y de la justicia harán de Colombia en el 2017 un país muy distinto al que tenemos. No sé si para bien o para mal, pero no exagero al decir que a la Colombia de hoy sólo le quedan unos meses de existencia.

20 MAYO 2016 

Nicolás Uribe Rueda

Sería absurdo no entender que al Gobierno le compete garantizar que la guerrilla se desmovilice y que a las Farc les preocupan las garantías de seguridad, por solo mencionar un caso. Es apenas natural, por tanto, que se elija una fórmula de blindaje y otra de verificación de los acuerdos.

Ahora bien, los negociadores han elegido una fórmula de obligar el cumplimiento de los acuerdos que, por decir lo menos, resulta controversial y atípica. Como sabemos, se decidió sacar adelante la idea de incorporar la integridad de los acuerdos al denominado “bloque de constitucionalidad” y se renunció por esta vía a la implementación legal, política o reglamentaria particular de cada uno de los temas.