Columnas EL ESPECTADOR

Nicolás Uribe Rueda

Obnubilados o entretenidos por la campaña electoral y sus escándalos, tal vez no todos advierten todavía el peligroso camino que estamos recorriendo como sociedad.

En primer lugar, es evidente que estamos viviendo algo muy parecido a un bloqueo institucional, en donde no somos capaces de sacar adelante las reformas que necesita Colombia. Como ejemplo, basta citar las dificultades que han quedado en evidencia para tramitar una reforma a la justicia que contribuya a mejorar la prestación del servicio público y a sacar del sótano de las encuestas de favorabilidad una función estatal que resulta indispensable para la convivencia pacífica.

Nicolás Uribe Rueda

El proceso de paz se ha extendido innecesariamente en el tiempo por cuenta de las maniobras dilatorias de las FARC que no ceden en su interés de sacar ventaja estratégica de los diálogos para seguir adelante con su agenda terrorista y narcotraficante. Y aunque la agenda de La Habana es reducida, los temas han venido avanzando y aparentemente se ha logrado como nunca llegar a acuerdos con el grupo guerrillero, todos sabemos que es uno y solamente uno el asunto del que depende la posibilidad de que la guerrilla se desmovilice, y entregue las armas y cese su actividad delincuencial. Por más que digan lo contrario, lo cierto es que el destino del proceso no está atado a las definiciones de política pública sino simple y llanamente a la suerte personal de los jefes guerrilleros, que tienen como único propósito lograr el objetivo de habilitarse para ejercer papeles protagónicos en la vida política colombiana en el ocaso de su existencia.

Por: Nicolás Uribe Rueda

NIcolás Uribe Rueda

 

Adentrado como estoy en la comprensión de los efectos de las decisiones del Estado en los negocios, he venido estudiando con atención las dimensiones del impacto que las modificaciones en materia regulatoria significan para los diferentes sectores de la economía. McKinsey (Snapshot Quarterly, 2010) por ejemplo, afirma que el valor del riesgo regulatorio en Estados Unidos representa para las empresas cerca de 3.6 trillones de dólares, en donde cerca del 50% del mismo afecta a las aseguradoras y los bancos y el resto está distribuido entre compañías de telecomunicaciones, transporte, farmacéuticas, retailers, prestadores de servicios de salud y de energía.

NICOLÁS URIBE RUEDA 28 MAR 2014 – 9:41 PM

Nicolás Uribe Rueda

Cuando se trata del gobierno, —lo dice Tony Blair con contundencia— el reto es la eficacia, no la ideología. A los ciudadanos de nuestros días, poco o nada importa quién gobierna y desde qué posición del espectro político e ideológico se hace. Mientras funcione, al padre de familia lo tiene sin cuidado el modelo de administración del colegio de su hijo (público, privado o concesionado). Al ciudadano de a pie no le interesa si quien recoge su basura es una empresa pública o si el bus en el que viaja todas las mañanas es de propiedad de un particular o está en el inventario del municipio en el que vive. El enfermo quiere una cama decente y un tratamiento digno y no tiene tiempo de averiguar si quien lo atiende es un doctor pagado de manera directa o indirecta con recursos oficiales. El refrigerio de los niños del jardín no sabe diferente dependiendo de si fue contratado con recursos departamentales, nacionales o locales.

Nicolás Uribe Rueda

Por: Nicolás Uribe

Resulta paradójico. Luego de elegir un nuevo Congreso, quisiera uno sentir que se renueva la esperanza en la política, se refrescan las ideas y se ventilan opciones para impulsar las grandes trasformaciones que requiere Colombia.

Sin embargo, parece que las elecciones del domingo generaron más incertidumbres que certezas y más frustraciones que esperanzas. Cuatro meses antes de su instalación y apenas un par de días después de su elección, para algunos nuevos senadores el Congreso es ilegítimo y para otros es apenas una instancia transitoria, cuya principal tarea debe ser la aprobación de la convocatoria de una asamblea nacional constituyente.

El Espectador. Marzo 1 de 2014

Nicolás Uribe Rueda

 Por: Nicolás Uribe Rueda

Para la mayoría de los colombianos la vicepresidencia es una institución invisible, cuyas funciones son apenas conocidas por quién las ejerce y su influencia es marginal a la hora de las grandes definiciones de política pública. Ninguno de los cinco Vicepresidentes que han ejercido el cargo desde que éste volvió a la vida en 1991, ha logrado ser pieza clave del gobierno del que ha hecho parte. En el siglo XIX apenas algunos como Santander, Obando y Caro pasaron a la historia como referente relevante de concretas realizaciones en el ejercicio del cargo, mientras muchos otros llenaron páginas enteras de intentonas golpista, conspiraciones y deslealtades.

Nicolás Uribe Rueda

Pasa en Colombia. Progresistas radicales se oponen a cualquier forma de explotación de recursos naturales no renovables. En su intento no tienen límites.

Sirven las mentiras, la manipulación popular, los malabarismos jurídicos y toda clase de argumentos que plantean dilemas irresolubles entre la explotación de los recursos y el agua, la vida, la agricultura y el medio ambiente. Los objetivos de la cruzada son claros, aunque la mayoría de sus motivaciones permanecen en la sombra. La apuesta de los progresistas, lejos de consultar el interés general, conculca las posibilidades de millones de colombianos de salir de la pobreza y promueve el mantenimiento del statu quo.

Nicolás Uribe Rueda

Para quienes hemos transitado en el pasado por el mundo activo de la política, la época electoral es un momento de reflexión y de nostalgia.

Las campañas políticas son una oportunidad para adentrarse en el alma de un pueblo y conocer sus carencias, así como también sus más íntimos anhelos. Sólo haciendo proselitismo es posible encontrar una oportunidad para asistir en poco tiempo a cientos de reuniones a las que asisten miles de personas en ciudades o en alejados municipios

Nicolás Uribe Rueda

Desde todos los puntos cardinales de la opinión nacional parece estar madurando la idea de convocar una asamblea nacional constituyente.

Con argumentos y propósitos distintos, e incluso en medio de acusaciones sobre oscuros intereses, los actores políticos más relevantes de la vida nacional empiezan a estar de acuerdo, tal vez sin querer, en que existe un bloqueo institucional que impide las reformas constitucionales que Colombia necesita a través del Congreso. Es un hecho notorio, por ejemplo, que desde el Capitolio Nacional es imposible sacar adelante una buena reforma a la justicia, que sólo será viable si la deliberación es pública y transparente, consensuada políticamente y libre, es decir, en ausencia del temor de los congresistas a las posibles represalias por sus votos.

NACIONAL 14 DIC 2013 – 6:05 PM Personajes 2013

Que el expresidente se candidatizara al Congreso y se convirtiera en opositor de Juan Manuel Santos son dos de las noticias políticas más fuertes del año.

Por: Nicolás Uribe Rueda. / Especial para El Espectador
 Álvaro Uribe Vélez protagonista político
Expresidente, Álvaro Uribe Vélez

Alvaro Uribe Vélez es sin duda una figura excepcional de la política colombiana. Así lo registran tanto sus partidarios como sus contradictores, quienes reconocen por igual que para bien o para mal, el expresidente transformó al país durante sus ocho años de mandato. Pero Uribe no sólo fue un presidente popular y el destinatario de odios y de amores por cuenta de su obstinada manera de salirse con la suya, sino también una persona que ejemplifica como pocos la vocación para la política. Mientras todos a su alrededor piden una tregua en el ejercicio de la acción política, Uribe vive para ella. Como lo hace desde hace ya casi tres lustros, el expresidente recorre emisoras regionales en la madrugada; toma fuerza al treparse a algún atril improvisado y se inspira en reuniones populares. Se le iluminan de felicidad los ojos cuando la gente le agradece las ejecutorias del gobierno y se apasiona como pocos cuando argumenta en favor de sus ideas. La conexión que tiene con la gente es producto del amor que profesa por Colombia, pero también, por cuenta de su innata habilidad para leer lo que resulta políticamente más rentable.