NICOLÁS URIBE RUEDA 31 JUL 2015 – 11:28 PM

Nicolás Uribe Rueda

DESDE SU FUNDACIÓN, YA CASI TRES años atrás, hago parte del equipo de trabajo que todos los días debate en Blu Radio sobre las principales noticias del día desde variadas perspectivas ideológicas.

Estar cada mañana disponible para opinar sobre lo divino y lo humano, generalmente con preparación, pero también a mansalva por la irrupción intempestiva de los hechos noticiosos, no es tarea fácil. Tampoco es sencillo enfrentar cada tesis y cada argumento al escrutinio público de la audiencia, a la agresividad o el aplauso de las redes sociales, o al contrapunteo implacable de mis compañeros de trabajo que no perdonan una pifia. Una cosa es dar noticias y otra muy distinta es opinar sobre las mismas.

Nuestros debates no son el resultado de una pantomima ni un escenario de deliberación científica. Cada cual habla con autenticidad e independencia sobre los temas en cuestión y las posiciones están inevitable y frecuentemente influenciadas por las convicciones, trayectoria y tendencias políticas de cada uno de los que participamos. En estas condiciones es frecuente que el apasionamiento, tan propio de la deliberación espontánea, tenga un papel preponderante; e inevitables, por tanto, resultan las contradicciones, la confrontación y la visión desde múltiples orillas de pensamiento a una misma problemática.

Algunos ven a Blu Radio como un campo de batalla y un reflejo de la polarización política por la que atraviesa el país. Imaginarán que salimos cada mañana de la cabina a resolver a golpes las discusiones inconclusas. Supondrán que nos vemos y hablamos por obligación, pero que nos odiamos con el alma. Otros se molestan con la aproximación democrática hacia los temas y, posando de intelectuales progresistas, sostienen que deben cambiar el dial de la emisora porque les parece simplemente insoportable que pueda haber espacio abierto, sin censura, para las voces de quienes no piensan como ellos.

Lo cierto es que Mañanas Blu, como toda obra humana, tiene errores, pero al mismo tiempo es, a mi juicio, un buen ejemplo de valores democráticos. En la realización del programa cada cual opina lo que quiere, sin más restricciones que las que imponen el limitado tiempo al aire y el necesario equilibrio entre los panelistas. Tratamos de ser agudos en la argumentación al mismo tiempo que respetuosos de los interlocutores. A pesar del malestar momentáneo que pueden generar algunas deliberaciones, la relación personal entre quienes discutimos cada mañana cuatro horas es agradable y sin rencores ni rencillas. Convivimos amistosamente en medio de marcadas diferencias, yreflexionamos lealmente. Hemos aprendido a hablar, pero también, y sobre todo, a escuchar bien y a dejar hablar a los demás. Muy a diferencia de la controversia política de nuestros días, no nos insultamos ni adentro ni afuera de la cabina del programa, ni nos denunciamos penalmente, ni buscamos destruirnos por el hecho de pensar distinto.

Mañanas Blu, desde esta perspectiva, no sólo es un noticiero, sino un experimento que aporta a la construcción de una cultura democrática que promueve el pluralismo, el respeto y la tolerancia. Una tarea que, aunque sueñe extraña, es inherente a la función social de los medios de comunicación y un aporte necesario en nuestro entorno en las actuales circunstancias.

@NicolasUribe

 

Nicolás Uribe Rueda

Abogado de la Universidad de los Andes, con estudios en Política Internacional en American University de Washington D.C., y Política Pública de la Escuela de Alto Gobierno de la Universidad de los Andes. Máster en Acción Política y Participación Ciudadana en el Estado de Derecho del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid, la Universidad Rey Juan Carlos y la Universidad Francisco de Vitoria. Consejero Presidencial 2002-2004 y Representante a la Cámara por Bogotá entre los años 2006 y 2010. Consultor en Asuntos Públicos y de Gobierno a través de su firma Valure, fundada en 2011. Panelista de Blu Radio y columnista de El Espectador

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