Autor: Nicolás Uribe Rueda

Nicolás Uribe Rueda fue representante a la Cámara y hoy en día es consultor de Asuntos Públicos y de Gobierno. Acudimos a él con el propósito de continuar con nuestra misión de analizar y entender el liderazgo dentro del Congreso de la República.

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Red Líder: ¿Cuál es la importancia del Congreso para la democracia colombiana?

Nicolás Uribe: El Congreso es una institución fundamental, que a pesar de que no genera mucho entusiasmo ante la ciudadanía, cumple un papel verdaderamente relevante en la configuración de nuestros derechos y en la garantía de nuestras libertades. Sin él, no estaríamos asistiendo a una democracia, sino básicamente a una serie de poderes totalitarios que no tienen quién los controle. La gente cree que porque vivimos en libertad vamos a vivir en libertad todos los días de nuestra vida, y la verdad es que la fragilidad de nuestras instituciones, y de las que hemos visto en el vecindario, nos demuestran todos los días que aunque debemos mejorar lo que tenemos, lo que tenemos es mejor que la ausencia absoluta de ese tipo instituciones. Estas garantizan que el país pueda tener libertades, desarrollo económico, libertad de empresa, y que podamos hacer básicamente lo que a cada uno le parezca mientras que no se enfrente directamente a la Constitución o la ley.

7 Sep 2018 – 3:20 PM

Por: Nicolás Uribe Rueda


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Por fin parece estar abriéndose camino un nuevo consenso ante el problema del consumo de sustancias psicoactivas en Colombia y se vislumbra la posibilidad de regular una actividad que debe tener restricciones con ocasión de su naturaleza y la manera en que llega el producto a las manos de los consumidores. El debate se empieza a sacudir finalmente de todas las mentiras que lo vienen acompañando desde hace lustros, cuando se sostuvo de manera sistemática, por ejemplo, que cualquier opción para controlar la actividad buscaba la penalización por la puerta de atrás y equivaldría a la judicialización y encarcelamiento de adictos y consumidores.

Es también notorio en el ambiente el cambio de actitud ciudadana ante el denominado “derecho al consumo”, y se percibe el cansancio y la reacción de la sociedad frente a quienes pretendieron confundir el libre desarrollo de la personalidad con la promoción de una actividad nociva para la salud, que en no pocas ocasiones fue presentada como liberadora, inocua y bonachona. El abuso en el debate en sus épocas de mayor calentura logró incluso presentar a los no consumidores como retrógrados, morrongos, pacatos y hasta pusilánimes; seres totalitarios imbuidos de creencias religiosas perniciosas cuya misión era imponer una idea de sociedad a la medida de sus preferencias y en contravía de la libertad de todos los demás.

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Es difícil encontrar un etiquetamiento tan burdo, tonto e inútil como el que surgió por cuenta del plebiscito de 2016, en donde se impusieron las categorías de amigos de la paz y de la guerra. Aún estamos viviendo los efectos de tan nefasta división y lo cierto es que se perdió la oportunidad de construir de manera mayoritaria un consenso que nos permitiera a todos sentirnos cómodos con las dosis de justicia, verdad y reparación que todo proceso de paz implica.

11 Ago 2018 – 12:00 AM

Por: Nicolás Uribe Rueda

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El presidente Duque fue enfático en el discurso de posesión y no vaciló en repetir su receta para relacionarse con el poder legislativo: “Vamos a trabajar con el Congreso de la República […] Pero sin dádivas, sin prebendas, sin canonjías, sin acuerdos burocráticos, sin ‘mermelada’. Porque el Congreso y el Ejecutivo trabajan bien cuando hay respeto, cuando hay vocación”.

Y lo cierto es que Duque ha cumplido. Nadie hasta ahora ha sido designado para canjear votos y apoyos en el Congreso, como tampoco en virtud de su influencia política. Su gabinete es técnico, casi apolítico, y salvo el DPS, que terminó en manos de una exsenadora, las más importantes agencias del Estado, las de mayor presupuesto, no fueron entregadas a los políticos en cuerpo ajeno para que las ordeñen y las pongan al servicio de las aventuras electorales de sus amigos. Los pactos burocráticos, es la verdad, son inexistentes.

Así las cosas y con esta decisión política, los partidos deben declararse independientes, de Gobierno o de oposición dentro de los treinta días siguientes a la posesión del presidente de la República. Hasta la fecha, varios se han declarado opositores: los verdes, el Polo y la lista de los “decentes”. Su decisión era apenas previsible y obvia. En cuanto a partidos de Gobierno, hasta ahora sabemos de la decisión del Centro Democrático. Pero las mayorías en el Congreso dependen de la decisión que tomen los partidos que aún no se deciden: todavía la U, los liberales, Cambio Radical, MIRA, Colombia Justa Libres y el Partido Conservador guardan silencio equívoco. Es natural, estarán analizando lo que significa ser partido de Gobierno o partido independiente.

Pero para ello no se necesita un doctorado. Declararse fuerza política del Gobierno en el Congreso no es nada diferente que ser parte del Gobierno en el Ejecutivo; es decir, gobernar también. ¿Es ciencia ficción? No. ¿Corrupción? Por supuesto que tampoco; es simplemente la consecuencia natural de un sistema político multipartidista, donde ningún partido por sí mismo tiene las mayorías absolutas y, por tanto, para obtenerlas necesita coaligarse de manera transitoria o permanente. Funciona así en el mundo entero y no es materia de escándalos ni de interpretaciones. Eso sí, para hacerlo de manera transparente debe ser público, abierto y sin tapujos, de cara a la ciudadanía, donde el presidente pueda hacer también su valoración política. Y la independencia es eso, es actuar sin ataduras, sin compromisos y sin depender de las opiniones o intervenciones del Gobierno.

En cuestión de semanas sabremos si estamos frente al Congreso más independiente de su historia, con las consecuencias en gobernabilidad que esto representa para el presidente Duque, o de cara a una coalición de partidos que se lidera desde la Presidencia con carácter institucional. Cualquier camino es válido. Lo que sí no puede suceder es que los afanes y presiones de último minuto, mezclados con la necesidad de lograr resultados legislativos, terminen por hacer ceder al Gobierno en aquello a lo cual se opone por principio: entregar cupos indicativos y actuar al menudeo de hojas de vida, puestos y contratos para lograr cada voto en el Congreso. En ese escenario infortunado perdería el país la oportunidad real de transformar la política y el Gobierno Duque, su respaldo popular.

Amanecerá y veremos.

 

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28 Jul 2018 – 2:15 AM

Por: Nicolás Uribe Rueda

 

No son ni pocos ni flojos los que tienen fincadas sus expectativas políticas y potencial éxito electoral en la mala hora de Colombia y el correlativo fracaso del gobierno de Iván Duque. Por ello están empeñados, graciosamente, en atribuirle al presidente electo la responsabilidad sobre los fracasos del gobierno que aún no termina y anticipadamente andan culpándolo de lo divino y de lo humano, sin que él todavía haya podido siquiera terminar de armar su equipo de gobierno.

 

De alguna manera, hay que decirlo, la oposición sabe y aprovecha lo que es lamentablemente cierto. El país está en problemas y tiene retos enormes que no serán fáciles de resolver. La economía está maltrecha y los actores económicos no tienen entusiasmo, el proceso de implementación con las Farc es caso vergonzoso de gerencia pública, se han incubado nuevas y tenebrosas violencias aupadas por la coca, el Estado ha dejado territorios enteros nuevamente a manos del crimen, hay paros en suspenso esperando medir el grado de subordinación del nuevo gobierno so pena de un levantamiento popular, ha regresado la amenaza sistemática a los periodistas de todas las tendencias ideológicas y la racha de crímenes contra líderes sociales ya supera los 330, como bien lo registra la Defensoría del Pueblo.

Por: Nicolás Uribe Rueda

Antes de terminar, el Gobierno Santos debería hacer un corte de cuentas para contarle al país en detalle del estado en que deja la implementación del Acuerdo con las Farc. Supongo que no pasará, porque todo indica que las cosas no van bien, y que desde las impertinencias hasta los abusos de hoy serán utilizados políticamente mañana por la oposición para culpar al Gobierno Duque de estar haciendo trizas el Acuerdo.

Y no hay que interpretar que un corte de cuentas es lo mismo que la instalación del espejo retrovisor. Cada cosa en su lugar. Hay que hacer lo primero, pero no dejarse tentar por lo segundo. Una radiografía honesta del proceso de implementación servirá para que quienes defienden el Acuerdo vean la necesidad de que el nuevo gobierno ponga el acelerador al cumplimiento de muchos temas y así lo exijan; como también sería el punto de partida para la discusión sobre las reformas que deberán introducirse. Es, pues, un gana-gana y la oportunidad de poner en marcha un diálogo abierto sobre lo que conviene al país, partiendo de lo que debe mantenerse y los cambios que hay que hacer.

Y es que no hay que ser un genio para darse cuenta de que lo acordado por el Gobierno con las Farc no anda bien. Los problemas están por todas partes. Basta pensar en lo que para Colombia significa tener más de 200.000 hectáreas de coca y lo que ello implica para los desmovilizados insatisfechos y para miles de campesinos frustrados por la ausencia de presencia institucional que debería haber llegado con ocasión del Acuerdo. Es también urgente saber si es verdad o no que las Farc omiten su deber de contribuir en el desmantelamiento del narcotráfico. No sólo las hectáreas aumentaron durante las negociaciones y uno de sus máximos jefes afronta un proceso de extradición por traficar con posterioridad a la firma, sino que esta semana el embajador de los Estados Unidos sostuvo que “las Farc tenían que proporcionar información de rutas, teléfonos, insumos, para tumbar todas esas organizaciones y eso fue lo que no hicieron”.

Por: Nicolás Uribe Rueda

No ha sido fácil para Iván Duque llegar al día de hoy. Su carrera política empezó en el Senado de Colombia, donde rápidamente deslumbró por su capacidad, su dialéctica y su don de gentes. Fue leal en el debate político; contundente, pero siempre respetuoso con las personas. Defendió sus convicciones sin ofender y se distanció de aquella idea en virtud de la cual la luminosidad en la política se construye a medida que se va embarrando a todos y a todo lo demás. Nunca compró peleas ajenas y tramitó sus controversias con respeto por quienes incluso lo ofendieron. A pesar de ser parte de un grupo parlamentario de oposición, lo que implica la reducida capacidad de maniobra, hizo debates importantes para el país y logró aprobar importantes leyes. Con determinación, empezó a recorrer las regiones y terminó ganando la elección de su partido, a pesar de que, desde adentro, algunos trataron de impedirlo, pues consideraban entonces que el joven político era blando y tenía una ideología de centro que no representaba integralmente ciertas posturas de derecha.

 

Junio 12 2018, 17:45
Nicolás Uribe, analista político, habló con NTN24 sobre la segunda vuelta presidencial en la que Gustavo Petro e Ivan Duque se medirán en las urnas. Para ver el Programa haga click aquí:
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ELECCIONES COLOMBIA 2018

Nicolás Uribe, analista político, habló con NTN24 sobre la segunda vuelta presidencial del próximo domingo y dijo que “hay una alta probabilidad de que Iván Duque sea el próximo presidente de Colombia”, porque “matemáticamente es muy complicado que Gustavo Petro logre hacerse a la Presidencia”.

“Si el voto en blanco logra engendrar un gran movimiento le podría afectar a los candidatos”, señaló Uribe.

Con referencia a los retos que tendrá el próximo presidente de Colombia, Uribe señaló que cualquiera que sea tendrá que ponerle fin a la controversia, además de la reactivación económica del país, “superar la polarización alrededor del acuerdo de paz, lograr un acuerdo alrededor de la reforma a la justicia”.

“Estas elecciones son muy importantes porque esta elección no tiene que ver con matices o con tendencias políticas, tiene que ver con modelos de Estado, con formas de gobierno, con tipos de ideologías”, agregó Uribe.

Redacción NTN24