Mes: febrero 2020

29 Dic 2019 – 12:00 AM

Por: Nicolás Uribe Rueda

No debemos ir demasiado lejos para encontrar razones de peso por las cuales uno podría declararse un indignado. Basta con salir a la esquina para molestarse con el estado de las vías, con los sistemas de transporte, con la pobreza de nuestros conciudadanos, con el desempleo y, en general, con la inequidad y la falta de oportunidades. Leer las noticias, oírlas en radio y verlas en televisión reafirman lo que es obvio: pululan las ineficiencias, los abusos, la corrupción y las injusticias de todos los pelambres.

A pesar de un par de décadas de avances sustanciales, en Colombia todavía carecemos de casi tanto como aquello que hemos construido, y tal vez por eso lo que nos falta sobresale con vulgar notoriedad. Nada de lo anterior es, sin embargo, una novedad. Cualquiera que viva mínimamente conectado con la realidad nacional sabe de sobra lo que sucede en el país en el que vive y es consciente de sus virtudes e infortunios. Por ello no es fácil comprender las razones por las cuales parece original y creativo ahora gritar desaforadamente, como si se tratara de un gran descubrimiento, la situación de inequidad en la que vive nuestra patria.

Y no se trata de minimizar o de ignorar lo que sucede. La indignación es y será fuente para la acción política. El malestar acumulado encuentra en buena hora y a su debido tiempo su válvula de escape. Así ha sucedido antes y así seguirá pasando.