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Por: Nicolás Uribe Rueda

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La principal fuente de financiación del terrorismo en Colombia ha sido y sigue siendo la coca. La dictadura venezolana se sostiene gracias a las bayonetas, la corrupción, el saqueo y la coca. El Eln asesina policías y soldados, vuela oleoductos gracias a los recursos provenientes del narcotráfico y tiene confinadas poblaciones enteras para proteger sus cultivos de coca. No hay ninguna actividad en Colombia que haga tanto daño al medio ambiente como la siembra y la producción de coca.

Las bandas criminales, entre las que están los Caparrapos, los Pelusos y todos los demás clanes y carteles, imponen la ley del terror, corrompen todo lo que tocan y desafían las instituciones gracias a la plata de la coca. Los GAO residuales (exdesmovilizados de las Farc que abandonaron el proceso) regresaron al negocio de la coca. A Santrich lo agarraron, así la JEP quiera negarlo, con las manos untadas de coca. El proceso de paz con las Farc no tiene amenaza más grande que la que se deriva de los miles de hectáreas de coca. La minería ilegal, en un mapa, se sobrepone casi de manera idéntica en los territorios donde abunda la coca.

A los líderes sociales los matan principalmente por conflictos derivados del control territorial para la siembra de coca y con ocasión de la oposición de traficantes a la estrategia de sustitución de los cultivos de coca. El incremento de víctimas por cuenta de minas antipersonales es consecuencia de los campos sembrados de coca. Confinamiento, desplazamiento, homicidio, disputas entre actores armados y múltiples impactos humanitarios son generados por actores armados que se dedican al tráfico de coca.

El contrabando, principal amenaza a la empresa legal, cumplidora y formal, es primo hermano y convive en relación incestuosa con la coca. La economía campesina en zonas marginales es inviable mientras la alternativa más rentable siga siendo la coca. Informes recientes de prestigiosos centros de estudio dan cuenta de que Colombia tiene una economía subterránea cercana al 35 % del PIB, cuyo componente principal es, por supuesto, el negocio de la coca.

Sí… sí… la coca, la coca, la coca… La coca está en la médula de nuestros problemas, en la base de nuestro deterioro social y encarna el combustible de una conflictividad que tiene recursos inagotables para plantear al Estado un reto institucional de grandes proporciones. ¿De veras pensaban que 200.000 hectáreas de coca, cada una de ellas seis veces más productiva que las cerca de 40.000 que había hace apenas unos años, eran inofensivas? ¿De veras ignoraron las consecuencias de no hacer nada para detener el crecimiento de una actividad que daña la economía, amenaza la vida, corrompe, se carga la justicia, requiere recursos públicos, afecta el medio ambiente y atrinchera a sus benefactores en posiciones desde donde apuntan sus armas contra todos los demás?

¿Por qué a pesar de tanta evidencia, tanto diagnóstico, tanto efecto indeseable, tanto muerto y tanta sangre derramada vemos tanto interés en desmontar uno por uno cada instrumento que combate la coca? Acabaron con la fumigación, se oponen a la erradicación forzosa, hicieron el narcotráfico conexo al delito político, vuelven ahora inoperante la extradición y de paso legitiman judicialmente el narcotráfico al darle trato de contravención de mínima cuantía.

¿Por qué los señores de la coca tienen tanto espacio político, tanta tolerancia social, tanto socio poderoso, tanta benevolencia de los tribunales y tanto defensor encubierto?

@NicolasUribe

 

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Victor Muñoz, consejero presidencial para la Innovación y la transformación Digital, entregó un balance sobre la visita del presidente Duque a las empresas de tecnología en Silicon Valley.

El funcionario aseguró en Mañanas BLU que algunas empresas tecnológicas están interesadas en el crecimiento digital y económico en Colombia.

“Los gigantes tecnológicos están mirando a Colombia, ven oportunidades acá, lo cual se reflejará en más inversión en el país, generación de nuevos empleos, mucho trabajo alrededor del talento digital”, dijo Muñoz.

Lea también: Gigantes tecnológicos están mirando a Colombia: consejero de Duque en temas digitales
Por su parte, Aurelio Suárez, panelista en Mañanas BLU, manifestó no estar muy de acuerdo con la Economía Naranja, propuesta por el Gobierno Nacional.

“Los desarrollos duros se hacen es en Silicon Valley, que no nos vengan a echar el cuento de que el presidente Iván Duque fue a traerse Silicon Valley a Colombia, que no engañen con eso”, puntualizó Suárez.

Entre tanto, Nicolás Uribe, también panelista, dijo que “hay que entender la dimensión de la reunión del presidente con los gigantes de la industria de la tecnología”.

Por: Nicolás Uribe Rueda

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Todavía están frescas en mi mente las imágenes de la tanqueta blanca embistiendo a los manifestantes en Caracas el martes pasado. Con este, son muchos ya los episodios que demuestran la crueldad del régimen y la disposición que tiene para transgredir sin pudor las barreras impuestas por la civilización al poder represor del Estado. Maduro, no cabe duda, está como borracho aferrado a la farola del poder convencido que no tiene más opciones que quedarse, porque todos los demás escenarios son peores para él y sus secuaces.

Y claro, el dictador no se cae; es menester tumbarlo. Y para hacerlo, en este caso, hay que desmontar la tramoya que ensamblaron los chavistas desde que llegaron al gobierno, cuando ya eran conscientes que no entregarían democráticamente la Presidencia y que desde la trinchera del poder buscarían quedarse a toda costa siguiendo el libreto de los barbudos de la isla, entronizando en Venezuela la misma receta de opresión.

Por eso nada es fácil, y la salida de Maduro no es cuestión de días, como tanto intérprete sugiere frustrado, acusando de incapaces a quienes lideran la valiente resistencia. No sólo se trata del control de las armas, sino también del adoctrinamiento cubano, la dependencia vital de millones de personas que detestan el chavismo, pero que dependen de él para comer, la corrupción del régimen y sus mercenarios, el saqueo de los recursos públicos y tantos otros elementos que confluyen en hacer compleja la tarea de la oposición venezolana, que por más errores que haya cometido y que cometa en el futuro, no cabe duda que nos da un ejemplo diario de coraje, persistencia y amor patrio.

 

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El álgido enfrentamiento entre Álvaro Uribe y Gustavo Petro ocurrió en el debate sobre la votación de las objeciones a la JEP en el Senado.

En un momento el líder de la Colombia Humana aseguró: “Cómo había tesis jurídicas defendidas por el gobierno del entonces (presidente) tratando de hacer del narcotráfico un delito conexo al delito político, yo me opuse. El proceso con los paramilitares no es sino la politización de un acuerdo con el narcotráfico colombiano”.
El expresidente le respondió: “Yo prefiero 80 veces al guerrillero en armas que al sicariato moral difamando. Sicario, sicario, sicario”.

Ante este panorama, María Margarita Zuleta, directora de la escuela de gobierno de la Universidad de los Andes, reflexiona que la gente, al ver estos episodios, se va a preguntar “para qué voté por este personaje”.

El analista político Nicolás Uribe estima, además, que “el debate político en esos términos no construye y, de alguna manera, es igual de destructivo que la guerra porque, de una u otra forma, usted lo que hace es evitar que la política sea el instrumento de transformación de la sociedad”.
En medio de estas reacciones, la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez pidió mesura.
Para el próximo lunes fue convocado un debate que promete ser más caliente que el de anoche en el Senado de la República.

Por: Nicolás Uribe Rueda

El alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, lo dijo esta semana con indignación y franqueza: “O remamos pa’l mismo lado o nos jodemos…”. Y tiene razón cuando así protesta por la liberación, otra más, de un delincuente que sale a la calle para continuar con sus andanzas criminales luego de haber sido detenido y puesto a órdenes judiciales por presuntamente haber desaparecido a tres jóvenes de la comuna 13 de Medellín.

Por: Nicolás Uribe Rueda

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Una decisión política, presentada y sostenida sobre la aspersión de argumentos parciales, falsos dilemas y sofismas, es la razón por la cual Colombia dejó de combatir el cultivo de coca de manera eficaz. Los resultados están a la vista, y más de 180.000 hectáreas de coca, con una productividad duplicada, hacen de Colombia nuevamente el principal productor de coca en el mundo. Un solo municipio, Tumaco, tiene más cultivos que Bolivia y las consecuencias de semejante incremento sobrepasan los efectos nocivos, indeseables, de cualquier intervención en territorio. Y claro, esto no es solo consecuencia de haber dejado de fumigar, sino también de haber reducido los equipos de erradicadores, incumplido en programas de sustitución, ignorado la necesaria provisión de bienes públicos, promovido programas que incentivaron la siembra y tantos más factores que en diferentes dimensiones contribuyeron a este resultado.

Por: Nicolás Uribe Rueda

Interesante debate político ha tenido el país en las últimas semanas por cuenta de la controversia sobre la posibilidad que asiste al Gobierno de objetar parcial o totalmente la ley estatutaria de la JEP.

Por una parte, están los autores materiales del acuerdo de La Habana, que sostienen que todo cuanto hicieron es perfecto y persisten aún, en contra de toda evidencia, en promover la idea de que Duque y su gobierno están empeñados en hacer trizas los acuerdos que redactaron. Para ellos, nada es perfectible, las opiniones contrarias al acuerdo son perfidia y asuntos como la expansión cocalera y de bandas criminales son menores o simplemente harina de otro costal. Por ello, ven en potenciales modificaciones a la ley estatutaria de la JEP una afrenta a su legado, una aberración jurídica y el regreso a lo que genéricamente denominan guerra.

Por otra parte, están quienes quieren acabar con todo lo que parió el acuerdo de La Habana porque lo consideran la claudicación material del Estado frente al terrorismo. Con o sin argumentos, están dispuestos a renunciar y borrar ese patrimonio común y revertir las consecuencias que para bien o para mal ha tenido y sigue teniendo el acuerdo con las Farc. El único camino posible para ellos es el borrón y la única solución es devolver (quién sabe de qué manera) al país al estado de preacuerdo.

10 Feb 2019 – 12:00 AM
Por: Nicolás Uribe Rueda
La política de seguridad presentada esta semana por el Gobierno Nacional es verdaderamente un documento estratégico. No se trata de un retórico tratado de seguridad, ni de un extenso diagnóstico que busca describir en detalle una vez más una realidad que se pretende intervenir. No es un documento que se entretiene en digresiones académicas y teóricas sobre las causas de la violencia, ni una puesta en escena de debates de naturaleza política que ponen a pelear a tirios y troyanos. Es un documento breve, que va al grano del problema, que identifica con la complejidad de lo simple una serie de amenazas y propone acciones concretas para revertir y prevenir realidades que se deben enfrentar.